Vacaciones del corazón
01.08.2012 18:52
Capítulo 1: Un encuentro de viajeros.
El colectivo no estaba tan lleno de costumbre. Lucía iba en “su” colectivo hacia “Pueblo del Corazón” porque siempre va a visitar a sus abuelos.
Por su parte Nacho, dos meses después del compromiso en su monoblock, también está en el mismo colectivo que Lucía, viajando al mismo lugar. Lo había escuchado por televisión cuando le hicieron una entrevista a Fernando Martínez y Martín Barragán, en la cual decían que se iban a quedar a vivir ahí. Pero sobre todo quiere ir, para conocer a las Don Martín y Doña Eugenia. Los había conocido por la nota y se había encariñado con ellos. Por eso, y como queda cerca de Rosario, los va a visitar.
Es una tarde hermosa y el viaje esta recién empezando. Nacho se había despedido de su familia un rato antes, mientras Lucia ya se había subido. En un momento, se sube una señora con problemas en la vista. Nacho acude a ayudarla, justo cuando Lucia dice “Santo y seña pase”. El vecino de Don Elio termina de acomodar a la mujer en el asiento y se va a hablarle a Lucia.
-¿Qué queres decir con eso? Esa señora necesitaba ayuda. Es ciega-la encara Nacho.
-Discúlpame, pero no te tengo que dar explicaciones. Pero tenes razón. Si queres sentate conmigo y te cuento una historia-respondió Lucia.
Nacho aceptó y se sentó al lado de esa chica que estaba pegada a la ventana. De pronto, Lucia le mostro un pequeño libro.
-Adentro tiene un cuento que escribí. Es para que entiendas lo que dije.
Nacho lo abrió y leyó el cuento, que no se ustedes, pero por lo menos yo ya lo leí cuando lo hizo público.
SANTO Y SEÑA PASE.
Hoy el colectivo tardó en pasar y vi a una señora que tenía un hijo discapacitado. Los fui a saludar por qué me parecieron buenas personas y tomamos juntos el autobús. Cuando vino el colectivo lo subimos. Estaba lleno. Yo encontré un lugar pero decidí dejárselo al hijo de la señora. No pudo ser. Un hombre atolondrado le quito el asiento y se sentó ahí. La mujer y yo le recriminamos su actitud pero dijo que no, que por qué no se sentó antes. El chofer gritó "Santo y seña pase" y no sé por qué pero el hombre se paró gentilmente de su asiento y se lo cedió al chico. El hombre se bajó tres calles después. Al mismo tiempo subió una señora mayor con arrugas que tenía una mirada muy tierna. Al verla, el hijo de la señora se paró para cederle su asiento. La señora dijo que no, que el también lo necesitaba y que cuando brindaba ayuda se sentía mejor. Me gusto lo que dijo esa viejecita y seguimos viaje. Pronto bajaron como tres señores del colectivo y nos pudimos sentar la señora, la viejita y yo. Nos sentimos alegres de poder viajar sentadas. Pronto subió una mujer embarazada que no encontraba espacio. No dudé en cederle mi asiento y me quedé agarrada del pasamano. Pronto el autobús hizo un golpe brusco y la gente parada se golpeó la cabeza pero yo no porque no llegaba tan arriba. Todas esas eran personas mayores y el chofer volvió a gritar "Santo y seña pase" y toda la gente sentada le cedió su asiento a las personas del pasamanos. Cansada de no saber por qué ese grito provocaba esa reacción tan buena por cierto, espere a que el colectivo parara para que bajara gente y fui decidida a decirle al colectivero:
-¿Me puede decir qué es el "santo y seña pase"?
El hombre me sonrió y sin decirme nada, señalo hacia atrás. Di vuelta la cabeza y ahí vi un pequeño cartel que decía:"Ceda el asiento que hay personas que lo necesitan. Gracias". Después me dijo:
-Ese es el santo y seña, cuando se cede el asiento se dice "pase".
Me alegró que ese cartel estuviera ahí porque sabía que todo siempre iba a estar bien.
Nunca lo había visto porque era la primera vez que tomaba ese colectivo. A partir de ese momento empecé a tomar solo ese autobús. Le dije a la señora, a su hijo y a la viejita mi hallazgo y los acompañé a tocar el timbre porque la mujer y su hijo se bajaban en el hospital. Yo me quedé con la viejita, nos sentamos juntas y hablamos de cosas interesantes. Pronto ella también bajo en la casa de un nieto y yo me quedé ahí hasta que llegué a la escuela. Ahora, cada vez que subo a ese colectivo, siempre digo:"Santo y seña pase".
-¡Qué hermoso cuento! Discúlpame el trato de recién. Me caíste muy simpática y además sos muy buena.
Lucia le sonrió y le respondió:
-Muchas gracias, vos también. Yo ya estoy acostumbrada a que cuando digo eso, tenga malas críticas.
-Para que sepas, yo también escribo-saco un cuaderno de su mochila y se lo ofreció ya abierto en el lugar del cuento. Léelo si queres.
Luci lo agarro y lo leyó completo.
Un compromiso en mi monoblock.
Tuve la suerte de ser testigo de un hecho muy lindo en mi monoblock. Hace un mes atrás, Don Elio, mi vecino, decidió convocar a una reunión de consorcio en su casa, para tratar unas reformas.
Todos, incluido yo con mi familia, asistimos. Pero al llegar a la puerta de la sala de reuniones, no nos animamos a entrar. Por un descuido habíamos sido los últimos en llegar. Escuchamos gritos, discusiones fuertes.
Por un momento tuve miedo de que saliera alguien enojado de allí y provocara algún daño. Por suerte, en el instante en que me atemoricé, llegó Elio, quien salió de su propia casa. Al ver cómo estaba me preguntó el porqué. Le conté todo y, cuando iba a hablar con Daniel, el tesorero del monoblock, se me ocurrió una gran idea que podía solucionar todo el problema.
Enseguida reuní a mi familia, a Elio y a Daniel, los únicos calmados, y les conté mi plan. Al rato todos aceptaron. Elio trajo su megáfono, entramos en la casa y empezó a vociferar:
-¡Atención, atención! En este lugar se puede ver un espectáculo que nos tiene completamente hartos. ¡Basta de discutir por cualquier pavada! ¡Así no se va a lograr nada! Primero, comprendamos al otro; segundo, planteemos nuestros problemas uno por vez y escuchémonos. De este modo, llegaremos a uno o varios acuerdos para solucionar cuanto problema se presente. ¿Se comprometen a hacerlo? Así viviremos en paz, y con opiniones iguales o diferentes.
Lo que siguió me emocionó. Me quedé callado, al igual que los que discutían. Los enemistados se amigaron, y se abrazaron. Y todos, tomados de las manos, exclamamos:”¡Sí!”, comprometiéndonos a vivir en armonía. Ese día tomamos un compromiso muy importante.
-Por lo que supongo, el tuyo también es real como el mío. Unos pequeños detalles distintos de la realidad, porque claro, uno no se acuerda exacto lo que se dice-dijo Lucia.
-Sí. ¿Cómo te llamas?-preguntó Nacho.
-Lucía, ¿vos?-preguntó ella.
-Ignacio pero me dicen Nacho-contestó él.
-¿Vos por qué vas a “Pueblo del Corazón”?-consulta Luci.
-Porque ahí viven mis abuelos, siempre los voy a visitar. Seguro que los conoces. Salieron en la televisión cuando le hicieron la entrevista a Francisco y Martín, esos actores re conocidos.
-¿Tus abuelos son mis referentes Martín y Eugenia?
-¿Son tus referentes?
-¿Podemos dejar de responder una pregunta con otra?-se ríe bien Nacho.
-Sí claro-risas-Me encanta que sea así, porque son re buenas personas y las amo de chiquita. Es re lindo vivir ahí. Yo me mude acá en Rosario desde allá, porque mi papá encontró un trabajo donde le pagaban mejor. Son mis abuelos paternos, supongo que entenderás que les costó mucho dejarnos ir.
-¿Por qué confías tanto en mi, si ni siquiera me conoces?
-¿No dijiste basta de preguntas? Sos buena gente, tu cuento me lo confirmó de la primera impresión, cuando te vi ayudar a Marta, que así se llama.
-Te salió una rima Luci-le dijo Nacho con una sonrisa.
-¿Vos me decís a mí el tema de la confianza que ya me tratas informalmente?-risas de ella.
-Bueno, empecemos bien-risas.
-¿Leíste el cuento “El pueblito disparate”?-quiere saber Lucia.
-Un gran cuento. Más largo que nuestros dos juntos-risas.
-Lo tengo acá transcripto. Si queres, lo releemos-ofrece.
-Dale.
Luci se lo mostró, y se lo empezó a leer a Nacho, mientras todo el colectivo estaba en silencio y lo escuchaba.
EL PUEBLITO DISPARATE.
En un pueblito muy pobre, todo era noticia: dos payasos crearon una feria aburrida, en el acto del colegio "Pueblito Lindo" apareció un mono, cantaron el Himno Nacional al revés en el acto el mismo día y se quemó la bicicleta del payaso en plena función. Increíble, ¿no? pero lo increíble pasó después. Don Martín y Doña Eugenia, dos viejitos que viven cerca del circo del pueblo "Súper Circo Normal", fueron los primeros en enterarse de que iban a venir dos payasos nuevos a reemplazar a los payasos más divertidos del pueblo; en su parte de la función, en el circo. Los payasos "Sebastin" y "Lucota", se pusieron muy tristes, cuando Don Martín y Doña Eugenia, se lo contaron. Se lo contaron en lo que sería "su última función", todo el público lo escuchó, porque estaban hablando con el micrófono. La gente se deprimió y el circo cerró, pues los payasos, eran su único gran éxito y no había suficiente diversión ni dinero para mantener el circo abierto.
Los payasos nuevos vinieron y al ver al pueblo sin salir de sus casas, los payasos se dijeron.
-Uh, que aburrimiento, Martinti, ¿que habrá pasado?
-Eso no lo sé, Fernanto, pero estoy muy seguro, que algo pasó y que deprimió a la gente del pueblo, pero como siempre digo, vamos a seguir nuestro lema "Si hay aburrimiento, transformémoslo en diversión".
Y así, recorrieron el pueblo: pasaron por la escuela, las casas, y, por último, vieron el circo. Al verlo cerrado, empezaron a llorar porque se habían quedado sin trabajo. Y así, se les fue el maquillaje. No se habían dado cuenta, pero sin el maquillaje, se veía claramente, que no eran payasos, sino las dos estrellas máximas de la televisión. Fernando Martínez y Martín Barragán.
La gente salió de sus casas, porque era la tarde, y, como siempre, se juntaban a tomar mate en la casa de los viejitos Martín y Eugenia, que vivían cerca del circo. Esa tarde, a Sebastin y Lucota, se les ocurrió abrir el circo por última vez, para despedirse. Toda la gente fue, los viejitos en primer lugar, porque el pueblo los quería mucho y eran los mejores amigos de los payasos. Miles de personas había en ese circo, todos querían ver las ocurrencias de los payasos y divertirse con su monólogos. En eso estaban, cuando Martinti y Fernanto, (las estrellas), vieron el circo abierto. Se emocionaron y entraron en el escenario, justo cuando detrás del telón Sebastián, estaba comiendo un pancho con mayonesa, El payaso tiro el pan con mayonesa que se le cayó y lo tiró al escenario y las estrellas, resbalaron, se rieron y se pararon. La gente, los viejitos y los payasos, se quedaron con la boca abierta cuando los reconocieron. La gente se paró y los viejitos se emocionaron mucho.¡¡¡Habían visto en persona, y en vivo, a sus personajes favoritos de la infancia!!!
Como un rayo, se subieron al escenario y le pidieron un autógrafo a cada uno. Los viejitos siempre llevan lápiz y papel, por si acaso, como ahora, a cualquier lado que van. Los payasos se disculparon ante las estrellas y se dieron la mano. La gente se emocionó y, Fernando y Martín, dieron su explicación:
-Nosotros queríamos ocultarnos de nuestro público, porque queríamos saber lo que era no tener dinero.Por eso, aprovechamos a este pueblo humilde para saber cómo se sentía ser pobre, pero no lo hicimos como cualquiera, queríamos disfrazarnos de personas que hagan divertir a la gente. Pensamos en los payasos y nos disfrazamos, nos maquillamos y nos inventamos nombres divertidos, Martinti y Fernanto -explicó Martin.
-Los entendemos,-dijo Lucota-
-Pero nos dieron un buen susto-agregó Sebastin
-Ja ja, perdonen por el susto. Ya sabemos cómo se siente ser pobres. Vivir de lo que tienen, casa, amistad y amor, nunca importa el dinero, porque ustedes tienen lo más importante, lo más valioso que la riqueza, el dinero, el oro... ser famoso, no les importa nada. Por suerte, nos encontramos con dos personas muy buenas y humildes, fanáticos nuestros: Don Martín y Doña Eugenia. Pero perdonen nuestra interrupción y mentira ¿Nos podemos quedar en el circo?-Dijo y preguntó Fernando.
-Sí, pueden, ¡¡¡podemos hacer un show entre los cuatro!!! Como invitados exclusivos-dijo Sebastin.
-Está bien, aceptamos-dijeron Martín y Fernando.
Hicieron un super show. Cuándo terminaron la función, la gente se paró y los aplaudió. Había sido muy emocionante, sobre todo, para Don Martín y Doña Eugenia. Las estrellas, felices, hicieron una nota en la que explicaban que iban a quedarse a vivir en el pueblo. El circo "Super Circo Normal" volvió a abrir y fue conocido por toda la Argentina, y ahora, más gente, disfruta del show de los payasos Sebastin y Lucota: Sebastián y Lucas. Don Martín y Doña Eugenia, siguieron con su vida normal. Le habían hecho honor al nombre de su pueblo, "Pueblo del corazón"...
CONTINUARÁ...
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