Una aventura mapuche

12.05.2012 19:39

 

Capítulo 1: ¡Nos vamos de viaje!

Mi vida cambió cuando mi papá me dio una noticia genial. Íbamos a ir de vacaciones por dos meses a Neuquén. Enseguida le pregunté si nos podían acompañar mis mejores amigos de toda la vida:

-Pa, ¿Nos pueden acompañar el tomi y la valen?

-Claro. ¿Por qué no?-respondió sonriendo.

Tomás y Valentina son mis mejores amigos hace ya casi nueve años. Me presento: soy Ariel Espora y tengo catorce años. Me alegró y sorprendió mucho la noticia de mi papá Martín, ya que era mi primer viaje fuera  de la provincia. Además me encanta conocer lugares con otros paisajes, climas, etc.  En fin, otra provincia muy distinta a Santa Fe, donde queda mi querida Rosario. Llamé a mis hermanos del alma y me atendió su mamá Virginia.

-Hola-atendió.

-Hola Vicky, soy Ariel. Mis padres y yo queremos saber si tus dos hijos mayores, pueden acompañarnos a Neuquén por dos meses. ¿Pueden?-pregunté.

-Claro. Siempre y cuando los cuides-agregó.

-Te aseguro que no les va a pasar nada.

-Bueno, ahora les doy la noticia. Los llevo a tu casa a las siete.

-Gracias por confiar en mí. Chau-agradecí.

-Nos vemos-dijo y terminó la llamada.

A la hora acordada, llegaron el tomi y la valen a los que saludé muy afectuosamente. Me preguntaron cuando iba a ser el viaje y le pregunté a mi padre, lo mismo que ellos, porque no le había hecho ya esa pregunta.

-El viaje es mañana a las once. Tenemos que estar en el aeropuerto a las diez. Así que mañana se van a tener que levantar temprano-respondió papá.

Cuando mi papá salió de nuestra vista, valen comentó:

-Ufa, levantarnos temprano en vacaciones.

-Es por una buena causa-le dije para animarla.

-¡Vamos a ir a una tierra extraña por nosotros!-se alegró el tomi.

-Bueno, vamos a armar las maletas y después a dormir. ¿Están de acuerdo?-concluí.

Armamos nuestras valijas y más a la noche, mis padres hicieron lo mismo. Cuando nos acostamos, valen comentó:

-No veo la hora que sea mañana para subir a ese avión e irnos a otro lugar que no conocemos.

En tono burlón le contesté:

-¡Si antes dijiste que era un bajón bárbaro irte a dormir temprano en vacaciones!

-Bueno, ari, cambié de opinión, que tiene de malo.

Se dio vuelta como ofendida y al rato se durmió. Todavía no lo sabía, pero esa chica de doce años iba a ser una gran ayudante para nosotros en la tierra mapuche.

-¿Ya te dormiste nacho?-preguntó el tomi.

-No-respondí bostezando.

-¿Qué te pasa qué no te podes dormir ari? Te conozco.

-Estoy pensando que nos encontraremos en una tierra tan distinta a esta.

-Nos acostumbraremos, quedate tranquilo.

-Gracias tomi, voy a intentar dormir.

El intento funcionó ya que me dormí al toque. El tomi se durmió último. Lentamente fue cayendo la noche y las horas que faltaban para el viaje, no eran tantas.

Capítulo 2: Un viaje especial.

Cuando nos despertamos, fuimos los tres al baño. Nos lavamos la cara, los dientes y nos secamos. Después de eso, nos sentamos en la mesa, donde había el desayuno preferido de nosotros: chocolatada fría, con pan, manteca, dulce de leche y salame. Cuando terminamos, le dí gracias a mi mamá por tan rica comida y ella me respondió que no era nada y también dijo que llamaría al taxi para que nos lleve al aeropuerto.

Dicho y hecho, el taxi llegó en diez minutos. Bajamos las escaleras (vivo en un monoblock igual que mis amigos) y enseguida nos subimos al auto. Vivo muy lejos de ese lugar así que el precio del viaje no tardó en llegar a los $20,00.Cuando bajamos, mi papá le pago al taxista ¡$30!.Exagerando le dije a papá:

-¡Después de todo lo que pagaste nos van a echar del hotel al primer día!

Todos se rieron de mi ocurrencia y fuimos a el lugar donde teníamos que tomar el avión correspondiente a Neuquén, que partía a las once. Miré mi reloj. Eran las diez y media. Pensé que habíamos tardado menos de lo esperado, porque no sobraba media hora. Me alegré por eso y justo después la valen comentó:

-Voy a extrañar muchísimo Rosario.

Le expliqué que nos íbamos por dos meses, no por toda la vida. Ella se rió y el tomi dijo que ya quería estar en el avión para saber lo que sentía, porque nunca había subido a uno.

-Yo tampoco nunca viaje en un avión-le dije.

-¿Qué se sentirá?-preguntó valen.

-Yo tengo miedo-dijo su hermano.

-Tranquilo tomi, mientras estemos juntos nada malo va a suceder, además le tenes miedo lógicamente porque es algo desconocido. Yo también tengo miedo, pero voy a subir para enfrentarlo. O sino el miedo no se va. Además hay que tener mucha mala suerte para que un avión se caiga del cielo.

-Es verdad, ari-apoyó la valen-también les tengo miedo.

-Confío en vos ari-dijo el tomi.

No era raro que un chico tan travieso de diez años, como era el tomi, tuviera miedo, pero el confiaba en mí y, aunque yo no fuera de confianza, (si pasaba algo malo, lo máximo que podía hacer era agarrarlo) le tenía que dar seguridad. Lo quería mucho para decirle que no confiara tanto en mí.

Entre pensamiento y pensamiento se hicieron las once menos cinco. Fuimos a la pista de aviones y nos subimos al que nos tocaba a nosotros. Nos acomodamos en los asientos y yo me senté entre el tomi y la valen, y al lado de ella mi mamá. Mi papá iba atrás mío. El viaje duro cinco horas con aproximadamente cincuenta minutos. Cuando aterrizamos lo primero que hice fue mirar con atención el paisaje: era todo verde y las calles muy angostas. Más lejos me pareció ver un río. Ese lugar era hermoso. Mi papá nos condujo hasta el hotel donde nos quedaríamos y enseguida me acomodé en el cuarto que compartía con mis hermanos del alma.

-¿Es hermoso, no?-preguntó sonriendo la valen.

-Sí, es precioso-contesté.

-¿Podremos nadar en el río?-pregunto el tomi.

-No lo sé, pero pienso que sí-le contesté.

Sacamos las valijas y empezamos a guardar todo en el lugar donde iba. Eran las cinco de la tarde y le pregunté a mi mamá si podíamos salir afuera para conocer mejor el lugar. Con una sonrisa nos dijo que si, bajamos y salimos del hotel. Enseguida nos encontramos con una feria. Aunque no tenía dinero las cosas que allí se vendían eran objetos llamativos y muy buenos hechos. Me acerqué a una mesa donde parecía que atendía un guía y le pregunté quienes habían hecho todas esas cosas. Él sonrió y respondió tranquilamente.

-Los mapuches.

-¿Quién, quienes?-pregunté asombrado, pero de pronto, recordé que había escuchado hablar de sus reclamos y le dije-Ah, sí, los que hablan diferente a nosotros. Los que perdieron sus tierras, sufren la discriminación y reclaman lo que les pertenecen.

El guía me miró sorprendido, en ese momento no sabía por qué era que estaba grato de saber que yo tenía un pequeño conocimiento acerca de los mapuches. Enseguida dijo:

-Es raro que una persona ajena a estas tierras, conozca a este pueblo. Pero también nos alegramos de que sea difundida nuestra cultura.

-¿Con nuestra quiere decir que…?

-¿Usted es mapuche?-preguntó la valen.

-Sí-respondió amablemente-Me llamo Alon, que en mi idioma significa “luz” mis padres me pusieron ese nombre porque sabían que yo iba a ser la luz de esperanza de nuestro pueblo. Y tan equivocados no estuvieron. Me confiaron la tarea de luchar por ellos, y con esta feria para recaudar dinero, lo estoy haciendo, junto con otras formas de lucha.

-¡Qué interesante-comenté-¿Podemos ayudarlos en algo?

La respuesta sorprendió aún más al guía, quien respondió:

-Cómo no. Creo que la mejor manera de ayudarnos es difundiendo el respeto hacia nosotros, conocer nuestra historia, presente y manifestaciones culturales, artes, oficios, etc. Es un gesto muy lindo de tu parte. Si buscas información vas a encontrar que nuestro pueblo es, dentro de sus posibilidades, muy fuerte, activo e inteligente.

-Lo haré, quédese tranquilo. ¿Podría conocer a los mapuches personalmente?-pregunté animado.

-¡Dale!-se energizó la valen.

-¡Yo voy!-acompaño tomi.

-Uf, con tanta emoción no me resisto pichi huincas, pueden venir mañana a la mañana y los llevaré a recorrer nuestro pueblo.

-Una última pregunta antes de irnos. ¿Qué significa “pichi huincas”?

-Quiere decir “chicos blancos”.

-Ah, es re divertido tener una lengua que solo nosotros conozcamos. Podremos tener secretos y hablar sin que nadie de afuera nos entienda.

-Pareces un mapuche de corazón-me dijo el guía.

-Muchísimas gracias, respondí, hasta mañana.

Fuimos al hotel a buscar ropa y nos fuimos al río que lleva el mismo nombre que la provincia. Por suerte ese día se podía bañar en él. Estuvimos como una hora en ese lugar, hasta que volvimos a las habitaciones nuestras y merendamos. Nos quedamos el resto de la tarde investigando sobre los mapuches. Encontramos varias cosas interesantes… Hasta que nos fuimos a dormir.

Capítulo 3: La tierra mapuche.

-¿¡Por qué no nos dejan ir!?-gritamos a coro los tres.

-No los podemos dejar ir con un desconocido, prometí a Virginia cuidarlos-dijo mi papá.

-¡Yo le prometí eso! ¡Son mi responsabilidad!-grité furioso.

-¿Mirá si les hacen algo malo!-siguió mamá.

-¡Alon es buena persona, lo puedo sentir!-dije.

-Ah, así que se llama Alon ese delincuente. Ya mismo lo voy a denunciar-amenazó papá.

Corrimos hasta la puerta y los tres bloqueamos la puerta.

-Si no nos dejan ir solos, vengan con nosotros. ¡Sí no tienen nada qué hacer! ¿Qué, o acaso los adultos tiene miedo de algo, qué, son chicos?-dije provocador.

La provocación dio resultado enseguida, mi papá le dijo a mi mamá, y después a nosotros.

-Mi amor, es verdad lo que dice, no tenemos nada que hacer. No perdemos nada en acompañarlos. Vengan, vamos, de paso les demostraremos que no somos ningunos miedosos.

-Gracias papá, yo sabía que ibas a comprender.

-Vamos ari, a la feria-concluyó mamá.

En secreto el tomi, la valen y yo nos empezamos a reír. Habíamos ganado la discusión y les dije en secreto:

-Estos tienen más miedo que nosotros, jaja. Además siempre me salgo con la mía, tengo un gran poder de persuasión.

Lo que les dije les causo más gracia y papá abriendo la puerta, dijo que iba a ir adelante. Lo seguimos y pronto llegamos a donde estaba Alon. Al vernos se alegró y le expliqué lo sucedido:

-No confiaban en vos, así que no me dejaban venir, pero los convencí y acá estamos.

-Bueno, no hay problema-contestó él-empecemos.

Nos llevó lejos de la feria. Un cuarto de hora después de empezar el recorrido nos encontramos con una mujer de tez negra que nos dijo:

-Mari mari, wentru,  domo che kai pichi huincas.

-Alon…-dije, insinuándolo a que nos traduzca lo dicho.

Él entendió pero dijo:

-Estaba pensando en que no sé como se llaman.

-Yo Ariel, ella valen, él tomi, mi papá Martin y mi mamá Monica.

-Bueno Ariel, les dijo: buenos días, hombre, mujer y…

-…chicos blancos-completé.

-Exacto.

-¿Cómo sabias eso?-preguntó papá.

-Me lo dijo el ayer, cuando nos saludó así-respondí.

-Ah, bueno-se limitó a decir.

-Bueno, sigamos tierra adentro-dijo Alón.

-¿Vamos a ir a un túnel?-preguntó el tomi.

Mis padres, Alon, la valen y yo nos reímos. El tomi pregunto el porqué:

-“Tierra adentro” quiere decir que sigamos caminando para adentro de este lugar-le aclaré entre risas.

El tomi se sintió ofendido pero enseguida se le pasó. Enseguida vimos a una vieja que estaba haciendo no se qué cosa. Alón se limitó a decir que era una calcú, una bruja practicante de la magia negra. Seguimos caminando y por fin llegamos a la morada de nuestro guía mapuche.

-Llegamos a mi ruca-dijo-que en español quiere decir morada, choza, en fin, casa mapuche.

Nos hizo pasar y nos sirvió una bebida que nos pareció rica. Después de que la tomamos dijo:

-¿Quieren aprender mapundungun?-preguntó.

-Sí-respondimos todos.

-Me imagino que es como se le llama a la lengua mapuche en su idioma-dije.

-Correcto-asintió.

-Bueno, acá por estas tierras, nosotros esperamos que vivan muchas aventuras, ya que es una tierra misteriosa.

-¡Iuju!-exclamamos la valen, el tomi y yo.

-¿Qué clase de aventuras?-preguntó valen.

-No sé, las que encontremos por el camino. Yo no tengo problemas en enseñarles este lugar, ya que los mapuches pueden cuidarse y mandarse sin mí. Después de todo, enseñándoles a ustedes nuestra cultura, igual los estoy ayudando.

-Es cierto que sos una luz de esperanza-dijo el tomi.

-Tampoco exageres tomi-dijo él con amabilidad.

-¿Qué es eso de que sos “una luz de esperanza”?-volvió a interrumpir el insoportable de mi papá.

-Papá, ¡¿Cada cosa que digamos vas a cuestionar?! El- tomi le dijo luz porque es la traducción de Alon a español. Es un nombre mapuche.

-Bueno Ariel, no te pongas así con tu padre-dijo Alon.

-Te haré caso, sólo porque vos me lo pedís-le dije con mezcla de ternura y molestia.

-Vengan, vamos a pasear.

Mientras recorríamos el inmenso lugar, noté pensativo a nuestro guía. Pensé que estaba preocupado. Hasta que no pude más y pregunté:

-¿Qué te pasa?

El tomi, la valen y mis padres se detuvieron, porque les sorprendió la pregunta ya que había sido el único que se había dado cuenta, porque lo estaba mirando hace rato.

-Nada. ¿Por?-respondió nada más.

-Déjalo ari, no te metas en situaciones que no te importan-me dijo mi papá.

-Te noto pensativo-retruqué.

-No es nada Ariel. Sigamos caminando-dijo Alón.

Seguía preocupado pero no me animé a reiterar la pregunta. Al rato, mientras íbamos caminando, pasó algo que casi no me hace caer a mí también: se desmayó Alon. Detuve la caída de él y enseguida fuimos a su casa. Lo dejamos en su cama y justo en ese momento, pregunté algo que había tenido mucho que ver con su desmayo:

-¿Por qué no esperamos a su familia o la salimos a buscar? Ellos deben saber que le pasó.

Todos asintieron silenciosamente. Yo seguí hablando:

-Para colmo, si supiéramos hablar en mapuche, podríamos pedir ayuda. ¡Tengo una idea! Podemos ir a buscar a un mapuche y lo traemos haciéndole gestos de ayuda.

-Muy buena idea ari-dijo valen.

-Es muy arriesgada. Mirá si no nos entiende-dijo papá.

-No perdemos nada con intentarlo-dije.

-Bueno, vos amor quedate con él y la valen. Yo iré con Ariel y el tomi.

-¡No!-dije-que mamá se quede con el tomi, y nosotros vamos con la valen.

-Tenes razón. Tomi… ¿Te quedarías?-dijo y preguntó valen.

-Claro-respondió mi amigo.

Cuando estábamos dirigiéndonos hacia la puerta Alon empezó a despertar. Enseguida nos reunimos todos alrededor de él. Cuando recobró el sentido dijo:

-Perdoname Ariel, te mentí, si estaba pensando en algo.

-Lo sabía, pero no me animé a insistir.

-Pensando en que te había mentido, me sentí mal y por eso me desmayé.

-¿Por qué lo hiciste?-me dijo papá.

-No señor Martin, él no tuvo nada que ver con que yo le mintiera.

-Es verdad-le quité la frase de la boca a mi padre.

-¿En qué estabas pensando?

-En mi familia, al verlos juntos a ustedes me hizo recordar a la mía que murió hace mucho, y soy el único sobreviviente de ellos-empezó a llorar.

-Perdoname, no fue intencionalmente (y no fue así ¡si no lo sabíamos!).

  CONTINUARÁ...

 
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