Las brujas del monoblock 41 (fragmento).
10.05.2012 22:39
Capítulo 1: Unas vecinas especiales.
Marta, Lucrecia y Leonor, siempre fueron personas muy especiales como vecinas. Eran queridas y odiadas, pero a mí me caían re bien. No les tenía miedo y tampoco pensaba que hacían algo malo. Lo que pasa es que ellas siempre tuvieron razones buenas para hacer lo que hacían. Bueno, voy a contar lo que nos pasó a mí y a mis amigos.
Era enero, y como siempre, las vacaciones eran un horno. Siempre salía con mis amigos y también ellos me venían a visitar. Hasta ahí, todo bien, hasta que vimos algo demasiado extraño: Lucrecia había aparecido en la casa de Marta, a la que todos llaman bruja (además nadie nunca entró en su casa, por eso nos sorprendimos que dejara pasar a una vecina nueva). Pero eso no fue todo. La vecina de mi abuela, Leonor la pelirroja, también había ido ahí. Empezamos a sorprendernos cada vez más, hasta que decidimos bajar e ir hasta el monoblock 42. Lo que pasó a continuación es muy interesante.
Tocamos la puerta de la casa de Marta, y nos atendió la amable Lucrecia. Adentro llegamos a ver, antes de que nos invitara a irnos porque estaban muy ocupadas, que Leonor estaba exprimiendo una mandarina y poniendo su jugo en un vaso. Por su parte, Marta se estaba haciendo un rico jugo de naranja, nada raro. Pronto, decidimos investigar.
Debido a todo lo raro del asunto, decidimos comunicarlo con los chicos y chicas del barrio. Al verlos, recordamos con nostalgia, porque a Marta le decían bruja.
Una noche, estábamos en el campito que está entre el monoblock 41 y 42, jugando y gritando fuerte también, y salió Marta con una escoba de madera y paja y empezó a correr a algunos por el campito con la escoba y no pudimos jugar más.
Nos reímos un rato hasta que un grito nos paralizó el corazón:
-“Jugo de naranja, limpia y lavada, danos vida eterna, como si fuera una pera”.
Fui el único que distinguió la voz, porque nadie más la conocía, era de Leonor. Pensé: “Deben estar jugando, pero ya son grandes para eso”. Todos fuimos a espiar a la ventana, y ahora más bajito, se escuchaba.
-En el libro está la fórmula. Debemos encontrarlo, mientras tanto, tenemos que buscar a ya saben quién-dijo Marta.
Por lo poco que se veía, vimos que Lucrecia ya se estaba por ir. Antes de abrir la puerta, y antes de que capaz nos viera que estábamos chismeando, dijo:
-Presiento que hay alguien escuchando esta conversación. Tengan cuidado, no podemos dejar que nos descubran cómo nos pasó hace 351 años.
Abrió la puerta, justo en el momento en que nos fuimos todos al campito a jugar, ya que quedaba a un metro de distancia, porque Marta vive en el monoblock 42.
-¿Estaba bromeando?-pregunto Jerónimo, uno de los chicos de 12 años.
-Lucrecia es así, pero no creo que haya sido un chiste-le respondí.
-A Marta siempre la trataron de bruja, y que sus dos amigas también lo sean, no creo que sea una casualidad-comentó asustada Valen.
Cuando Valen terminó de hablar, salió Leonor de la casa de Marta. Me saludó con un gesto bueno y le dije:
-Mándale saludos a Peter (su esposo).
-Claro que se los voy a dar. Me voy, nos vemos-respondió Leonor.
-¿La conoces?-preguntó Emiliano, otro de los chicos intrigado.
-Sí, es la vecina de mi abuela-respondí.
-Bueno, nosotros vamos a investigar al monoblock de Nacho-dijo Tomi-vamos.
Nos despedimos de los chicos y nos fuimos al palier de mi monoblock. En ese momento, Lucrecia me llamó. Necesitaba que cuidara a su gato Benji (apodo de Benjamín, nombre puesto por la hija de Lucrecia), porque se iba a hacer un mandado. Antes de irse me miró y me preguntó:
-¿Son tus amigos?
-Sí, aunque más que amigos son mis hermanos del alma, los amo fraternalmente, se llaman Tomás y Valentina-le contesté-no los conoces porque se mudaron hace 4 años de acá y vos volviste acá hace 15 meses, y cuando se mudaron acá, vos ya te habías ido-informé.
-Gracias, después te voy a decir algo, pero pueden escucharlo también-dijo finalmente bajando las primeras escaleras que separaban al primer piso del segundo de mi monoblock, el 41.
Se hizo de noche, y estaba jugando con Terry (así se llama mi perro) y Benji, que se llevaban bien por haberse criado juntos (Benji vino acá obvio que con su dueña hace más de un año, justo para casi el nacimiento de mi perro, que siempre vivió acá)
De pronto, salimos al pasillo del palier, donde vimos que Lucrecia nos estaba esperando. Nos hizo entrar en su casa e iniciamos la siguiente conversación.
-Gracias por dejarnos pasar-dijo Valen.
-Está bien. Pasen y siéntense-ofreció y pidió Lu.
Nosotros así lo hicimos.
-Los llamé para contarles la siguiente historia. Estoy poniendo todas mis vidas en juego por contar la verdad-empezó a relatar, mientras Tomi cerraba bien la puerta y estábamos los tres llenos de curiosidad-Hace 308 años, el año 1704 si no me equivoco, hubo cuatro chicos que se llamaban Francisco, Julieta, Martín y Luciana. Eran divertidos y curiosos para ser de esa época. Ellos descubrieron que éramos brujas. Sí, Mar, Leo y yo somos mágicas. Bueno, nosotros reencarnamos cada 228 años, por una maldición. No es que queríamos ser brujas, de hecho, yo soy una buena. Pero tener poderes hizo que Marta y Leonor tuvieran ideas malas para aprovechar sus poderes para el mal. Yo me acuerdo que Francisco Cortez, un expedicionario, nos dijo:
-Mala bruja, o buena puede ser, que estas tres personas, no tengan tal vez.
Y ahí nos transformó. Somos capaces de hacer muchas cosas. Por suerte, la más mala de las tres es Leonor. Una bruja con poderes increíbles que guarda el libro de la vida mágica, el “Vitae veneficas”. Los convoqué para que le intenten sacar el libro, porque una bruja nunca puede lanzar ningún conjuro ni usar una poción a favor o en contra de otra. Ese libro sólo puede ser leído por tres personas, y yo espero que esa sean ustedes. Les estoy contando todo esto, porque después que vi en las noticias, que ustedes habían encontrado el diamante de los sueños, y todos los logros anteriores en la plaza, con los mapuches, etcétera, supe en mi corazón que eran los de la profecía.
-¿Qué profecía?-preguntó Nacho.
-“Dios convoco a tres personas especiales para que hicieran el bien que pudieran en Rosario, un lugar perdido en el planeta Tierra. Pueden hacer lo que sean. Son quienes salvarán a la Humanidad, de los peligros que la acechan”-respondió Lucrecia.
-Ya sabíamos algo, porque estaba escrito en el Templo de los Sueños-informó Valen.
-Entonces, desde que te hiciste bruja, trataste de buscar en la Historia, a personas que cumplan esa profecía. Entonces esos cuatro chicos ni eran.
-No, y 30 personas tampoco. Pero ya estoy cansada de tantas vidas y quiero que esta sea mi última. Tienen que empezar de inmediato, por favor, no quiero revivir más-pidió Lucrecia.
-Por supuesto que aceptamos-dijo Tomi-además, luchar contra brujas va a ser súper re divertido.
-Nunca pude leer el libro, pero creo que tiene que tener algo para revertir la maldición, porque a esto no le veo nada de bendición. Ojalá su búsqueda no sea en vano. Pero para que les sea más fácil, les voy a enseñar conjuros y pociones. Los brujos y brujas sólo la pueden usar, pero si ustedes son los salvadores y tienen alma pura y buena, son una excepción. Pero tengo que tener su permiso. ¿Quieren?-preguntó Lucrecia.
-Obvio-dijeron Nacho, Tomi y Valen.
-Bueno, no hay tiempo que perder. Empecemos ahora, tenemos tiempo hasta que los llamen.
Capítulo 2: Clases mágicas.
Lucrecia siempre me cayó bien, y además, que me enseñé algo interesante, hace que la quiera más. Nos dijo:
-El primer conjuro es: “Limón con sal, azúcar y aguá. Que esa escalera, cambie de lugar”. Uh disculpen, ese es un conjuro malo-se disculpó Lucre.
-Está bien-dijo Valen.
-“Alegría sin tristeza, salto de águila, que la suerte te acompañe hasta mañana”. Ese es para dar suerte-explicó.
“Bicho de luz, araña negra, que hasta mañana, yo no te vea”. Ese es divertido, no lo pueden negar-nos dijo ante la risa generalizada.
“Luz no te veo, apagón es de cero, necesito paz, dame una linterná”. Ese es para que encuentres una linterna.
-¿Pero si estás diciendo conjuros, por qué no sucede nada?-preguntó Tomi.
-Es que esto es re pobre. Le faltan los gestos. Que aparte les voy a enseñar, así pueden practicar, sin hacer nada-explicó Lu.
“Vista de águila, olfato de perro, que te des un baño, así mejor te veo”-la mandas a bañar pobre. Discúlpenme que sean malos y buenos, es que son los primeros que se me vienen a la mente. Último conjuro, porque si seguimos así, vamos a estar hasta las siete de la mañana.
“Zapatilla de cuero, olor a queso, que tengas dos medias, con pocos agujeros”-ese es para que tenga dos medias puestas.
-Esos son puras rimas, si todos fueran brujos o brujas cualquiera podría inventar uno-reflexionó Nacho.
-¡Exacto! ¡Ese es el punto! Ustedes pueden improvisar, porque hacer rimas es fácil. Lo que sí, necesitan los gestos-respondió Lucrecia.
A continuación nos dio una clase de gestos sin decir ni una palabra, así no se cumplían los dichos. Después nos anotó en un par de hojas, los conjuros que nos dijo y dibujos de los gestos. Cuando terminó:
-Ahora probemos con las pociones, antes de que los vengan a buscar.
Pareció predecirlo, porque cuando lo terminó de decir, golpearon la puerta. Eran mis padres que nos venían a buscar. Nos despedimos con Lucrecia con un guiño de ojo. Con Valen y Tomi compartimos una sonrisa pícara. Comimos, nos fuimos a dormir, y se largó una lluvia torrencial.
Capítulo 3: Conjuros auxiliares.
Creo que me desperté a las cuatro de la mañana al día siguiente. Había empezado a caer granizo y se había cortado la luz. Desperté urgente a mis amigos. Con una vela, alumbramos la hoja de Lucrecia y, en plena oscuridad, nos pusimos de acuerdo, para ayudar a todos.
-“Luz no te veo, apagón es de cero, necesito paz, dame una linterná”-dijimos los tres mientras hacíamos los gestos.
Nos movimos y Valen tropezó con la linterna conjurada.
-¡Funciona! Entonces somos los de la profecía ¡La podemos salvar!
-¡Claro!-dijeron alegremente Tomi y Valen.
¡Ahora improvisemos!-dije mientras agarraba la linterna para mantenerla apagada, así no notaban los hechos mágicos que estábamos viviendo y provocando.
-“Pata de rana, garra de león, que todos los de esta casa, pierdan la audición”-improvisó Tomi-lo hice así no nos escuchaban.
-¡Moni, Richard!-gritó Valen.
Nadie respondió. Todo funcionaba como se esperaba. Valen animada improvisó:
-“Que no haya noche, haya día, que la luna muera y el sol reviva”.
Pareció demasiado fantástico lo que sucedió a continuación porque paró de llover, se disiparon las nubes, y apareció el Sol brillante en plena noche. Era repentinamente de día.
De pronto, golpearon la puerta. Era Lucrecia.
-¿Ustedes tienen algo que ver con qué haya luz de noche?
-Noche ya no es, y si, fuimos nosotros-dije.
-Fui yo-dijo Valen.
-¿Cómo se les ocurre hacer un conjuro, que afecte a millones de personas? ¡Se van a dar cuenta que hay algo muy extraño! Ahora se los voy a enseñar a deshacer.
“Noche ahora, noche mañana, que el sol se esconda y la luna saiga”-dijo Lucrecia desesperada.
De repente, se hizo de noche.
“Gotas y lloviznas, granizo o huracán, yo quiero que ahora, se produzca una lluviá”-conjuré.
Empezó a llover, todo estaba volviendo a la normalidad.
-Yo lo termino de arreglar-dijo Tomi-“Las memorias son recuerdos, y el cerebro las guarda, pero que lo que hizo mi hermana, de la Historia saiga”.
-Lucrecia. Si todo funciona… ¿No podemos hacer un conjuro improvisado para que dejes de ser bruja?-dijo Valen.
-Ya lo intente y no. SI ustedes quieren probar, no hay problema-propuso Lucre.
-“Bruja mala, o buena tal vez, pero yo quiero que ahora, lo dejes de ser”-dije con los gestos.
-Ahora voy a probar si funcionó: “Pata de pollo, miel de abeja, yo quiero que ahora, te pique la oreja”-conjuró Lu.
Me empezó a picar la oreja, hasta que ella me pidió disculpas y deshizo su conjuro.
-¡No funcionó!-dijo Tomi desilusionado-debe ser un conjuro especial.
-Bueno, ahora para que todo vuelva a la normalidad, les voy a devolver la audición a todos-dijo Valen.
“Sin sonido no hay voz, sin palabra no hay corazón, por eso quiero que ahora, recuperen su audición” ¡Silvi, Marce!-grito Valen, llamando a mis hermanas.
-¿Qué pasa Val?-preguntó Marce preocupada.
-Nada nada, disculpa-dijo Valen.
-Bueno, chicos, yo los dejo. Acuérdense de hacerlo mañana si pueden-dijo Lucre.
-¿Qué tienen que hacerle?-preguntó mi mamá.
-Un mandado ma, al super-le mentí.
Se tranquilizó y nos fuimos a las camas a volver a dormir.
Capítulo 4: “Vitae Veneficas”.
Nos levantamos a las diez de la mañana, y desayunamos. La lluvia se había tranquilizado y ahora apenas lloviznaba. Cuando pudimos salir afuera, Lucrecia nos advirtió:
-¡Tengan cuidado con Leonor si aparece! ¡Es la más poderosa de las tres! Marta con los chicos y adolescentes es buenísima.
-Muchas gracias por el consejo-dije.
-Lo tendremos en cuenta-dijo Valen.
Bajamos las escaleras y fuimos a la casa de Marta, a espiar por la ventana. Pronto apareció Jero.
-¿Descubrieron algo?-preguntó.
-Sí, son las tres brujas-confesé.
Tomi y Valen me miraron diciéndome con la mirada, que de nuestros poderes no digamos nada. Por ahí somos un poco egoístas, pero era más importante salvar a Lucrecia y a Marta, de Leonor.
-¡Por fin sé la verdad!-dijo Jero emocionado.
Escuchamos a Marta conjurar:
-“Quien me espíe, bruto será, quien lo haga, tonto será”.
Jero preguntó:
-¿Qué están escuchando? ¿Cómo saben qué es bruja?
-¿Quiénes son brujas?-pregunté.
-Tonterías de Marta-respondió Valen.
-Pero Nacho… ¡Si vos me dijiste que las tres eran brujas hace un minuto!-dijo Jero.
-Sí, pero en sentido figurado creo que lo dije-le respondí.
-Bueno, nos vamos a mi casa-dijo Tomi-no creo que tengamos que hacer nada acá.
Nos despedimos de Jero y fuimos a mi casa. Cuando nos vio llegar, Lucrecia preguntó intrigada:
-¿Y? ¿Cómo les fue?
-¿En qué?-preguntó Tomi.
-¿Cómo en qué? ¡En la lucha contra Leonor!-contestó.
-¿Y ella qué nos hizo?-pregunté.
-¿Quién es?-dudó Valen.
-¡Leonor! ¡La bruja!-dijo ella.
-¡Todos dicen que es una bruja! ¡Qué tontería!-opiné.
-¿Qué les pasa a ustedes?-nos preguntó.
-Estamos tarados-dijo Tomi.
-¡Me pasa lo mismo!-reconocí.
-¡Y a mí me duele mucho la cabeza!-dijo Valen.
-¡A mí también!-dije.
-¡Y a mí!-dijo Tomi.
-¿Ustedes tomaron algo?-preguntó Lucrecia, preocupada por si habíamos tomado alguna poción.
-No, nada-dije seguro.
-¡Entonces alguien los hechizó!-dijo-“¡Malas lenguas habitan, y conjuros lanzan, yo quiero que ahora, el último conjuro que recibieron los tres se deshaga”!-pronunció Lucre.
De repente me sentí mejor, y creo que mis amigos también.
-¡Entonces estábamos hechizados!-reconocí.
-Sí. Tengan más cuidado la próxima vez-pidió Lucre.
-Estábamos escuchando un conjuro de Marta, sobre quién la espiaba. Eso nos afectó.
Después de una larga charla, volvimos a ir a la casa de Marta. Jerónimo nos dijo:
-Hace un rato entro una colorada a la casa de Marta, una de las que estaba ayer.
Me alegré, había llegado Leonor finalmente. Ahora miré a Valen y a Tomi y conversamos:
-¿Y ahora qué hacemos?-preguntó Tomi.
-Ni idea-le respondí.
-¡Yo sé que hacer!-dijo Valen-Hagamos un conjuro para que ninguna poción les funcione y que ningún conjuro les sirva.
-¡Muy buena idea!-le reconocí-“Sin conjuros no hay bruja, sin pociones no hay hechizados, por eso quiero que a estas dos brujas, no les sirva lo mágico”.
Así me protegía a mí y a todos. Eso no era para nada egoísta. Nos acercamos a la ventana a chismear.
-Lucrecia es una traidora, lo presiento-dijo Leonor.
-¡Es mi mejor amiga!-dijo Marta.
-Ah, la apoyas. ¡Entonces morirás!-le gritó furiosa Leonor.
Nos asustamos tanto que quisimos entrar en la casa de Marta. La puerta estaba cerrada. Escuchábamos tantos conjuros que no sabíamos quien hablaba.
-“Pedazo de torta, pan de pastel, quiero que ahora, te hagas mantel”-escuchamos.
Entonces reaccioné. Dijeran lo que dijera no podían hacer nada por mi conjuro. Se los dije a Tomi y Valen y se alegraron.
-¡Entonces hay que aprovechar que Leonor está indefensa!-dijo Valen.
-¡Genial!-dijo Tomi-“El sueño es bueno, las ocho horas también, por eso que Marta y Leonor, ahora se duerman bien”.
De pronto no se escucho nada más. Nos faltaba entrar en la casa.
“Cerraduras hay en todos lados, y llaves también, pero necesito entrar en esta casa, para hacer algún bien”-conjuró Valen.
Pudimos abrir la puerta, estaban acostadas en el suelo, y supusimos que habían tenido dolor, si estaban paradas conjurando. Nos apenamos si en realidad se habían “desmayado”. Teníamos ochos horas para actuar. Buscamos el libro por todas partes. Ahí no estaba. Después supuse donde estaba.
-¿Y si lo buscamos en la casa de Leonor? Al lado de la casa de mi abuela vive. Tomamos un colectivo y listo.
Nos pusimos de acuerdo y nos fuimos a mi casa. Pedimos permiso para ir a visitar a mi abuela en colectivo, y así lo hicimos. Llegamos once y media. En vez de ir a la casa de ella, fuimos a la de su vecino, donde vive Peter. Tocamos timbre y nos atendió él.
-¿Qué quieren?-preguntó.
-Queremos buscar el libro para revertir la maldición que tienen tu esposa y sus amigas. ¿Vos sabés dónde está?-respondí, informé y pregunté.
-¿De qué maldición hablan?-preguntó interesado.
-¿Sos el esposo hace no sé cuánto y no sabes que ella es una bruja?-le pregunté asombrado.
-Jaja, todas las mujeres son brujas-dijo riéndose.
-¡Te lo decimos en serio! ¡Te lo voy a demostrar! “Gato y perros se llevan mal, bigotes y cola tiene ya, por eso quiero que ahora, en la calle aparezca un gato negro persá”-conjuré.
De repente, Peter y todos vimos que había aparecido un gato negro en la calle. Tuvimos una conversación con Peter, que nos había creído. Hasta nos ayudó a buscar el libro.
-¡No quiero tener una esposa bruja!-reconoció.
No lo encontrábamos por ninguna parte. Entonces se me ocurrió decir:
-“Libro mágico, libro de las brujas, decime dónde estás, antes de que me aburra”.
Apareció un rectángulo en un pedazo de una pared, y pensamos “Debe estar camuflado”. Peter trajo un taladro y empezó a sacar el libro. Lo abrimos y lo pudimos leer. Tenía un montón de información interesante:
“En la literatura, desde tiempos antiguos, es tradición asociar a las brujas con la escoba, las que les otorgarían el poder para volar. También se puede relacionar su relación con la limpieza que otorga cualquier escoba. Dicen que sirve también para seleccionar lo que quiere la bruja. Saca con la escoba todo lo malo y elige con la escoba todo lo que desea retener. Además también dicen que transformaban a animales en escobas, es verdad, demasiado fantástico.
Algunos autores afirman que los vuelos en escoba eran fantasías imaginadas por las brujas (mujeres jóvenes quizás hartas de prestar obediencia al señor feudal, y al señor cura, y de ser esclavas del esposo) para llamar la atención.
Iban caminando a la cita del bosque, donde comían y bebían lejos del esposo y bajo el influjo del alcohol se creían liberadas de prejuicios y se dedicaban a gozar de los placeres del amor.
En opinión de otros autores, sucedía que las jóvenes pasaban por el cuerpo un ungüento a base de belladona, beleño, opio y otros elementos fáciles de conseguir, que producía efectos sorprendentes. Nadie sabe quién inventó este ungüento pero es posible que viniera transmitiéndose la receta desde la antigüedad, cuando pueblos como el griego, el romano, el celta y otros practicaban ceremonias sagradas en el curso de las cuales creían entrar en contacto con los dioses.
El ungüento, una vez aplicado sobre la piel, pasaba a la corriente sanguínea y producía alucinaciones, como vuelos a bordo de una escoba.
No nos olvidemos que la escoba era el elemento que tenían más a mano y el volar podría representar la necesidad de escapar y liberarse.
Estas visiones eran acompañadas por delirios eróticos, semejantes a los que experimenta en la actualidad quien toma LSD o fuma marihuana. Es decir, que las fantasías se convertirían en algo real para quienes la vivían.
En Grandes Temas de lo Oculto y de Insólito, de Tomás Doreste, cuentan que "un juez llamado Johann Nider, que vivió en la Alemania del año 1435, debió intuir esta propiedad de las drogas. Fue un hombre sensato, nada ávido de sangre, que quiso realizar una prueba para demostrar que aquellas mujeres acusadas de practicar la brujería mejor harían en regresar a casa y hacer las paces con el esposo".
"Untó el cuerpo de una mujer con el famoso ungüento y esperó a ver cuál sería su reacción. El cuerpo femenino comenzó a retorcerse, mientras brotaban extrañas palabras de la boca. La oyeron expresarse como si volara en el espacio, hasta llegar al aquelarre. El juez comisionó a dos guardias para que se desplazasen al lugar indicado por la supuesta bruja. Regresaron diciendo que el bosque estaba desierto y oscuro. Mientras tanto, la mujer se agitó con fuerza, como si estuviera danzando, y se golpeó la cabeza contra el muro".
"Al despertar declaró que había estado en una reunión sabática y que el Diablo la golpeó, en un arrebato de furia erótica. El juez Nider ordenó poner en libertad a la mujer y debió hacer algunos comentarios con sus amistades acerca de las tonterías que suceden en el mundo".
Conclusión: la escoba sólo sirve para limpiar la casa y dejar a todos felices, y para volar, agregarle sólo una droga alucinógena.”
En una parte del libro, estaba lo que esperábamos. El conjuro para revertir la maldición. Figuraba el que nos había dicho Lucrecia. ¿Se acuerdan?:“Mala bruja, o buena puede ser, que estas tres personas, no tengan tal vez”. Y el tan esperado:
“Bruja, bruja, bruja, brujo, brujo, brujo, que se les quite su embrujo”.
Eran tan fácil, pero tan poco imaginable. Sabíamos que no podía ser, pero me hubiera gustado algo así: “Bruja mala, o buena tal vez, yo quiero que ahora, lo dejes de ser”.
No había que perder más tiempo. Nos despedimos de Peter, y volvimos a las tres de la tarde a nuestra casa. En un momento el colectivo se paró, algo que a nosotros tres nunca nos había pasado. Entonces, mientras Tomi y yo la tapábamos, Valen hizo un conjuro para que volviera a funcionar.
-“Colectivo grande, motor aún mas, necesito que ahora, vuelvas a funcionar”.
Capítulo 5: Batalla de hechizos.
Nos sorprendió que no funcione. Capaz que era magia vieja para un colectivo. Se me ocurrió probar algo para refutar mi sospecha: “Que nos habíamos quedado sin poderes mágicos”.
-“Vuelo alto, como una paloma, yo quiero que Tomi, tenga varias sombras”-dije.
Abajo del colectivo, Tomi siguió con la misma sombra. Pronto les comunique a mis amigos el descubrimiento. Se sorprendieron y debatimos el por qué de la desaparición de los poderes. Llegamos a la conclusión de que había terminado nuestro propósito.
Cuando llegamos a mi monoblock, al que fuimos caminando como media hora, saludos a todos mis familiares y a Virginia, que iba a ir a buscar a los chicos. Cuando se estaban por ir, convencí a la madre de ellos para que nos dejara ir al frente para saludar a Lucrecia los tres. Tenía un plan.
-Hola Lucre. No tenemos tiempo. Ya se van y encontramos el Vitae. Hace un conjuro que nosotros perdimos los poderes, para que se puedan quedar una noche más, asi podemos luchar hasta el final-le dije desesperado.
-Está bien Nacho. “Noche para dormir, noche para luchar, que estos tres chicos, estén juntos una luna más”-conjuró la querida Lucre.
Virginia dijo:
-No se vayan. Si ustedes se llevan re bien-fue a buscar a mi mamá-¿Se pueden quedar otra noche a dormir por favor?-le pidió Vir.
-Claro. Todo bien. Anda tranquila a tu casa-le pidió Monica.
Nos alegramos de que hubiera funcionado. Le dije a mi mamá que nos íbamos a quedar en la casa de Lucrecia. Nos respondió que no había problema, que no tenía apuro. Entramos en su casa y le leímos la mayoría del libro, porque era mucho. Le contamos que nos habíamos quedado sin poderes y nos dijo que algo se nos iba a ocurrir. Para el final del libro, encontramos esto: “Cuando los tres personas especiales me descubran, perderán sus poderes, pero habrá una persona mortal que revertirá la maldición”. Inmediatamente supimos que hablaba del que sirve para revertir la brujería. Bajamos con Lucrecia a plena ocho de la noche y fuimos a la casa de Marta. Por suerte, Leonor no estaba. Le explicamos todo a Marta y dijo que ella era re buena, pero se había dejado influenciar por Leonor. Pronto me acordé del conjuro para hacerlas dormir, desesperado pregunté:
-¿Hace mucho se fue Leonor?-le dije a Marta mirándola.
-Sí, hace media hora aproximadamente. ¿Vos cómo sabes qué estaba acá?-preguntó.
Le contamos del conjuro dormilón, el libro y el conjuro revertidor, Lucrecia le explicó su “traición” y ella la comprendió. Ella nos dijo que los hechizos contra las brujas duran ocho horas, así tienen doce más así se vengan o hacen algo al respecto. Al final, llegamos a una conclusión.
-Tenemos que estar las tres juntas, así los tres juntos pronuncian el conjuro. En el libro dice que así como estábamos las tres juntas cuando Francisco nos maldijo, teníamos que estar las tres juntas para revertirlo-dijo Lucre.
-Leonor si se entera, nunca va a venir-aseguró Marta-Bueno, los invito a comer-propuso ante el asombro de todos.
-¡Graciaaas!-le dije yo.
-¡Obvio que quiero!-dijo Valen.
-Totalmente de acuerdo-dijo Tomi.
-Yo me puedo quedar tranquilamente-dijo Lucre.
-Vamos a avisarle a mi mamá-le dije a mis amigos.
Le gritamos desde la salida del monoblock 42 (el de Marta) y nos dejó. Cuando volvimos a entrar, charlamos tranquilos hasta que Marta trajo las pizzas caseras que tan ricas le salen. Voy a contar un poco de la historia e ella:
Maestra frustrada, sin pareja y sin descendientes, Marta, cuyo apellido es desconocido por casi todas las personas, es buena niñera y guardiana. Un día yo le fui llorando porque había un chico que me había querido robar, no sé si de verdad o de mentira, y al pibe que se llama Fernando, le dio miedo y desapareció en ese momento, mientras ella lo buscaba y yo me escondía para que no me viera, hecho que no creó que dio buen resultado. Gran ecológica, no tiene ningún aparato electrónico en su casa (televisor, radio, computadora, etc.) y siempre tira la basura con la misma bolsa. Tiene un montón de conocimientos que me enseño (soy el único que se animo a conocerla y desmentir que ella es una “bruja”, cuando no sabíamos que era una bruja de verdad). Un día con Tomi y Valen Thomson, con Brenda Vara y una persona más creo (capaz Jero), nos mandó a comprar queso y nos cocinó unas ricas pizzas, y nadie se enfermó ni murió, así que la comida, envenenada no estaba. También nunca nadie entró a su casa (hasta ahora) pero estuve en la puerta y se qué su comedor tiene tablas de madera en sus paredes como en mi casa. Ella vive en el departamento de debajo de todo izquierdo, de la parte izquierda del monoblock 42.
Fue una rica cena. A los quince minutos (todo lo que nos sucedió inconsciente lo supe después), Tomi, Valen y yo caímos desmayados. Leonor apareció y dijo:
-Así que me quieren revertir mis poderes. Ahora van a ver que hace una bruja mala. “Sangre y lágrimas, euforia y decepción, que estas tres personas, mueran sin opción”-conjuró malditamente.
-¡Ahora los reviviré!-dijo Marta.
-¡No nos vas a poder vencer!-apoyó Lucre.
Nos había envenenado el jugo de manzana que sirvió en la cena y por eso nos habíamos desmayado.
No recuerdo nada de mi muerte, pero sigo con lo que me contaron.
Marta y Lucrecia pensaron que Leonor no les puede hacer nada, y viceversa, pero las puede matar sin usar magia. Así que Leonor agredió brutalmente físicamente a ambas y las dejó desmayadas. La pelirroja ya disfrutaba la victoria cuando escuchó:
-“Maridos hay muchos, mujeres también, que esta gran historia bruja, termine de una vez”.
Lo que había escuchado la dejó horrorizada. Inmediatamente perdió sus poderes y los cinco “acostados” en el suelo, recobramos la conciencia y nos levantamos. Leonor, en cambio, yacía desmayada en el suelo. Atónitos por no saber qué pasaba y porque Leonor estaba así, vimos entrar a alguien a la casa de una nueva bruja buena (pensé eso porque todavía no sabía que ninguna de las tres ya no era bruja).
Capítulo 6: Un final sorprendente.
La sorpresa que nos llevamos todos fue, es y será inolvidable. ¡Era Peter! Nos contó lo que había dicho y que cuando Leonor llegó a su casa hace una hora, hizo como que no sabía nada, y que cuando salió, la siguió. Espero el momento justo (¡re justo!) para actuar. El libro decía indirectamente que el siempre había tenido los poderes, pero nunca había sabido usarlos. Lo supuse porque él fue la persona mortal que después de tanto tiempo, tenía el poder para revertir la maldición. Pensó que un conjuro seria como el que hice con el libro para que apareciera y con el gato negro persa. Hizo bien. El conjuro histórico funcionó, y, sin necesidad nuestra, se revirtió la maldición.
-Sos un héroe-le reconocí.
-Esta vez nosotros no lo somos-dijo Valen.
-Eso no es para nada egoísta-dijo Tomi pícaramente.
Ahora Peter era el único brujo que quedaba vivo en todo el mundo. Por su parte, cuando tal iba a llevarse el libro, se le evaporó en las manos. Marta y Lucrecia se abrazaron y ellas, junto con el esposo de Leonor, nos agradecieron todo ya que sin nuestra ayuda, no hubiera pasado nada. Peter conjuró que Leonor se levantará y se fueron a su casa. El nuevo brujo nos lanzó a los cinco una mirada pícara antes de irse con su “bruja”. Estábamos contentos y emocionados. Marta preguntó:
-Si ya no somos brujas… ¿Esta es nuestra última vida?
-El libro decía eso amiga-le respondió la genio Lucre.
-¡Uf! ¡Qué cansada que estoy después de tantos siglos!-dijo Mar riéndose igual que los que estábamos ahí con ella.
-¡Hay que disfrutarla al máximo ahora!-propuso Lucrecia, nuestra siempre bruja buena.
-¡Nooo! ¡Me va a quedar el trauma de que me dijeron y dicen bruja!-pensó en voz alta Mar.
-Podrías cambiar tu perfil así se destruye tu sospecha para siempre. Tipo “Campaña solidaria: Un conjuro por un regalo, para quien lo necesita”-le dije.
-¿Qué queres decir? ¿Qué tengo una personalidad demasiado fea?-preguntó Mar.
-No. Quiere decir que termines tu última vida sin escuchar nada relacionado con las brujas-me corrigió la expresión mi querido Tomi.
-Peter es re lindo-dijo Lucre.
-¿Qué tiene qué ver con lo qué estamos hablando?-le preguntó Val.
-Nada, nada-dijo para negar lo que había pensado antes.
-Bueno, al final, nunca aprendimos nada sobre pociones-les dije.
-¡No quiero saber nada más de ese tema!-dijo suspirando Marta.
-Bueno, vamos a casa que se van a preocupar tus padres Nacho-ordenó Lucre.
-¡Nos vemos!-le dijo Tomi a Marta.
Nos despedimos de Marta y fuimos mi monoblock. En el corto camino de vuelta, vimos que había salido un arcoíris y una nube de humo formaba un “GRACIAS”. Sonreímos, sabíamos que un nuevo brujo estaba al acecho.
FIN.
Capítulo 7 o Anexo: 228 años antes...
Febrero de 1704. Casitas frágiles, calles de barro y un lugar tranquilo para vivir, que aproximadamente 148 años después sería mi querida ciudad de Rosario. Bueno, sigo. En este contexto vivían (porque murieron pobres), cuatro chicos: dos hombres y dos mujeres que tenían entre 12 y 16 años. Julieta y Luciana (primas) y Francisco y Martín (hermanos). Estas cuatro personas, fueron elegidas por tres brujas (sí, brujas): Marta, Lucrecia y Leonor para probar algo referido a una maldición. Aclarado de quienes voy a hablar, empezaré con su mágica historia.
Era el viernes 3 del mes y año antes mencionados, y Luciana venia de visita a la casa de su prima Julieta. Para recibirla, Juli llamó a sus mejores amigos, Francisco y Martín para que la recibieran. Ellos la conocían a Luci y se llevaban muy bien. Vino en caballo, su animal favorito y saludó a todos. Enseguida se pusieron a jugar. A Martín le encantaba jugar a excavar y buscar objetos, así que propuso ese juego y todos aceptaron. Mientras tanto, Nina, la mamá de Julieta, empezó a hacer tortitas quemadas con azúcar para vender y otras delicias de aquella época. Mientras estaban con la pala, se notaba que entre la hija de Nina y el hermano de Martín pasaba algo más que una amistad común. Estaban enamorados. Entre tanto cruce de miradas, Luciana, a la que le encantaba hacer cosas sobre la naturaleza, se sorprendió mucho al golpear la pala el gran hueco que ya tenía hecho y escuchar algo metálico. Sacó la tierra que lo rodeaba y lo descubrió. Era un libro. La sorpresa no fue que haya encontrado algo, sino que ese libro estuviera en perfectas condiciones y no se haya podrido. Luci avisó de su hallazgo y entre todos lo sacaron. Les costó abrirlo y lo vieron. No entendieron nada. No estaba escrito en español. Era un idioma extraño.
Ahora, una explicación. En la época antigua, muchas palabras del español cambiaron y se pronunciaban distinto algunas, así que voy a traducir al castellano de hoy lo que dicen, así se entienden todos los diálogos que habrá hasta el final de la historia. Claro, a falta de palabras adecuadas, agregué algunas que servían para expresar lo que querían decir.
-¡Uy! ¡No entiendo nada!-dijo Juli.
-¡Qué raro que haya un libro enterrado acá, pero no sea de nuestro idioma!-pensó Fran.
-Debe ser de los indios, y debe estar escrito en su idioma-reflexionó Luci.
-¡Aunque sea encontramos algo!-dijo Martín.
-Tenes razón. Se lo voy a llevar a mi mamá a ver si lo entiende.
Se lo llevaron a Nina, que estaba sola en su casa. Se estaba preparando para ir a vender (era vendedora ambulante). Cuando le preguntaron si lo entendía, ella respondió:
-Chicos… ¿Dónde encontraron esto? No lo entiendo. ¡Miren si es algo importante! Vuélvanlo a enterar o dénselo a alguien, pero líbrense de él. Nos puede meter en problemas.
Los chicos desilusionados, eligieron volverlo a enterrar. No iban a dar a conocer su descubrimiento. Cuando Martín estaba a punto de tirarlo al pozo de Luci, apareció una señora que les dijo.
-¿Qué hacen con mi libro?-preguntó con una mirada que asustó a los cuatro chicos.
-No… nada, lo encontramos acá enterrado y ahora lo íbamos a guardar de vuelta-contestó Juli con miedo.
-Dénmelo. Ese libro es muy importante. Ustedes no tienen que tocarlo-dijo muy enojada la misteriosa señora.
-No la conocemos a usted. Pero si es suyo… tomé, aquí lo tiene-dijo Fran sacándole el libro de la mano a su hermano, para dárselo a la mujer.
En ese momento, apareció otra mujer (rubia), que interrumpió la conversación.
-Leonor. ¡Mirá si son ellos! Debemos tener cuidado.
-¿Así que Leonor te llamas?-preguntó Luci.
-Sí. Disculpen su forma de hablar. Ella es así. No los quiso tratar así-respondió la mujer que llego última.
-¿Vos la conoces? ¿Son hermanas, primas?-preguntó Martín.
-Somos muy amigas-dijo la señora rubia.
-Y desde hace mucho-concluyó Leonor.
-¿Y por qué es importante ese libro?-preguntó Juli.
Atrás de los chicos, que estaban al frente de las dos mujeres, apareció una mujer morocha que les respondió.
-Ese libro es importante y punto. No les tenemos porque dar explicaciones, es nuestro y listo.
-¿Vos también sos amiga de éstas?-preguntó Fran.
La señora morocha se quedo callada, pero la mirada que le lanzó a Fran fue una respuesta suficiente para este.
-“Dios convoco a tres personas especiales para que hicieran el bien que pudieran en Rosario, un lugar perdido en el planeta Tierra. Pueden hacer lo que sean. Son quienes salvarán a la Humanidad, de los peligros que la acechan”-susurró la mujer rubia a la morocha y a Leonor.
-¿Son estos?-preguntó la señora morocha.
-¡No! Estos chicos nos hacen algo y me muero-dijo furiosa Leonor.
-¿Hablan de nosotros?-preguntó Juli.
-No respondan-dijo la señora rubia-nos tenemos que ir. Gracias por encontrar el libro. Les estaremos eternamente agradecidas-agradeció.
-Nunca mejor dicho-dijo la mujer morocha y se rieron las tres señoras.
-Lo último. ¿Cómo se llaman?-preguntó Luci.
-Yo Lucrecia-respondió la mujer rubia.
-Y yo Marta-respondió la señora morocha.
(¡Qué suerte qué ustedes lectores ya saben los nombres, así no pongo más señora y mujer para no repetir tanto).
Se alejaron las tres de la casa de Julieta y los chicos comentaron.
-¡Qué personas raras!-dijo Martín.
-Sí, además nos sacaron el libro. Ellas deben conocer el idioma en el que está escrito-pensó en voz alta Francisco.
-Tres personas especiales… pero si nosotros somos cuatro-reflexionó Juli.
-¿De qué hablas?-le preguntó su prima.
-De lo que dijo Lucrecia en voz baja-le respondió-además, mencionó que hay peligros y que los chicos viven en Rosario.
-Pensemos. Nosotros somos cuatro, no tres, acá vivimos relativamente tranquilos, y este lugar no se llama Rosario-aclaró Francisco.
(A mediados del siglo XVIII (1700-1800) adoptó su primer nombre).
-No importa ya. Nos quedamos sin el libro. No tenemos porque seguir pensando en ellas y en lo que dijeron-opinó Luci.
-Tienen razón. Vamos a tapar a este pozo y después nos vamos adentro-propuso Juli.
Entre los cuatro lo taparon y después fueron a la casa de la prima de Luci a comer algo.
-Lu… ¿Hasta cuándo te quedas?-le preguntó su prima.
-Una semana. No tengo ningún apuro-le respondió.
-¡Qué bueno! Vamos a poder hacer muchas cosas más-propuso Martín.
-Y vamos a tener más tiempo para investigar sobre las mujeres de hoy.
-¿Te quedaste pensando en eso? ¡Ya fue!-le dijo Julieta.
-Es que… hay algo raro. El idioma en que está escrito el libro, las tres aparecieron repentinamente, lo que dijo la rubia…
-Sí, ahora que resumís todo, es muy raro, propongo que lo investiguemos-dijo Lucia.
-Lástima que no la vamos a poder ver más. Quien sabe donde estarán ahora…-dijo Martín.
-Bueno, nos vamos a dormir con Martín, que ya está oscureciendo. ¡Mañana nos vemos vecinas!-avisó Francisco.
-¡Dale! Los esperamos y vamos a buscar a ese trío-animó Juli.
-Así quedamos-dijo Martín.
Se despidieron los chicos de las chicas, porque Luci se queda a dormir toda la semana en la casa de su prima materna.
Se pasaron un rato charlando como buenas primas, hasta que Nina les aconsejó que durmieran, consejo que acataron de inmediato.
Durmieron muy bien. Al día siguiente, bien temprano, llegaron los hermanos. Nina los atendió y los invitó a pasar. Al rato golpearon de vuelta la puerta. Los chicos se asombraron cuando la tía de Lucía atendió y vieron que eran las tres mujeres que los iban a buscar.
-Hola. Creo que usted es Nina. ¿Podemos pasar por favor? Necesitamos hablar con sus hijos-saludó Leonor sin dar tiempo de decir nada a la madre de Julieta.
-Sí, por supuesto-comentó dudosa Nina-pasen.
Las tres entraron y enseguida se dirigieron a los cuatro chicos que estaban ahí cerca.
-Les tenemos que pedir un favor-empezó Lucrecia.
Los chicos no sabían que responder, no conocían a esas personas y no les inspiraban ninguna confianza.
-Sí, digan-respondió por todos Lucia.
-¿Se acuerdan de este libro?-preguntó Lucrecia mientras se lo mostraba a los chicos.
-¡Cómo olvidarlo!-pensó para adentro Francisco
-Sí, el mismo de ayer-respondió solamente Martín.
-Queremos saber si lo pueden leer-dijo Marta.
La propuesta asombró a los cuatro chicos. ¡Cómo podía ser que fuera su libro pero no lo pudieran leer! Sabiendo que no lo podían leer, Julieta se propuso a decir.
-No, ayer quisimos…-no terminó la frase porque Francisco le tapó la boca con la mano.
-Sí, y leímos cosas muy interesantes-mintió Francisco.
-¿Lo pueden volver a leer por favor?-preguntó Leonor.
-Sí, claro-continuó con la mentira Lucia.
Les dieron el libro a los chicos y se lo abrieron. Veían el mismo idioma ilegible del día anterior.
-¿Quién lo va a leer?-preguntó Marta.
Se miraron entre los cuatro, sobre todo Francisco y Lucia. Se miraron entre ambos y el primero le dio un gesto de aprobación a la prima de su amiga.
-¡Yo!-respondió Lucia.
-Bueno, ya podes comenzar-opinó Leonor.
Lucia tenia la imaginación a una velocidad increíble. Tenía milésimas de segundo para pensar que inventar. Estaba muy nerviosa. Tenía miedo de que si no le creían, esas mujeres le hicieran algo malo a ella o/y a sus amigos y a su prima.
-Acá dice que… los tres chicos especiales en realidad eran cinco, fue un error que fueran tres. El destino está equivocado-dijo muy segura, para no despertar sospechas.
Las mujeres se miraron sin poder creer lo que Lucia les acababa de decir.
-Así que son cinco…-dijo Marta muy seria.
-No puede ser. No puede estar equivocada la profecía-dudó Leonor.
-¿Estás segura de que lo tradujiste bien?-le preguntó Marta a Luci.
-Sí, muy-dijo Lucia con firmeza.
-Bueno, habrá que buscar otros más. Estos no pueden ser, son cuatro-dijo Lucrecia.
-Cinco, con la madre de esta chica-dijo Marta.
-Entonces son estos-afirmó Leonor seriamente.
Un escalofrío pasó por la sangre de los cuatro chicos y de la madre. Estaban llenos de miedo. ¿Para qué los buscaban? Estaban llenos de miedo, por faltarle la respuesta a esa gran pregunta.
-Disculpen que me meta, pero: ¿Especiales por qué?-les preguntó Nina a las tres mujeres.
-Ellos son especiales y punto. Hasta que no estemos bien seguras no podemos brindar más información-aclaró Marta.
-A ver, vamos a asegurarnos de que sean ellos. Seguí leyendo por favor-le pidió Leonor a Lucia.
-…los cinco chicos viven en una zona perdida que queda muy lejos de un río-siguió “traduciendo” Lucia.
-Ah, eso puede ser, no dice donde queda Rosario la profecía…-reflexionó Leonor.
-Un momento, estoy pensando algo-dijo Marta moviendo la cabeza con mucho enojo hacia los cuatro chicos.
Los chicos ya estaban al punto de terminar muertos de miedo. Cuando alguien corta así una conversación, no puede augurar algo bueno.
-¿Qué, Mar?-le preguntó Lucrecia.
-Es una paradoja. Si esta chica está leyendo el libro, es porque son ellos. Son cinco en total. Pero si fuera verdad, quedaría lejos del río, y acá estamos muy cerca de uno. O son ellos y leen mal, o no son ellos y están inventando una traducción-razonó Marta.
Cuando terminó de explicar, un sudor frío se apodero de todos. No sabían qué hacer.
-Para mí entonces están mintiendo. Yo sabía que la profecía no podía equivocarse-dijo furiosa Leonor.
-Deshagámonos de ellos-propuso Marta.
Lucrecia de las tres es la más buena, y no puedo agregar nada más sobre ella ahora, porque van a descubrir una información esencial sobre ella más adelante.
-Pensemos algo. Si mintieron, es porque saben que tenían que leer el libro, para que sepamos que son especiales, porque si no, no se iban a animar a mentirnos, teniendo de defecto que no saben que somos. O capaz nos quieren dar información falsa, porque no nos quieren revertir la maldición-dijo Lucrecia pensando tanto, así informaba la verdad entre indirectas a los chicos.
Los cuatro chicos, que captaron las dos indirectas de la simpática Lucre, no podían creer lo que entendieron y escucharon.
-Sea cual fuera la verdad, los descubrimos-ordenó Leonor.
Los chicos no sabían que decir. Trataban de pensar sobre todo que eran ellas, para que pudieran tener una maldición, pero tenían la mente en blanco.
-Están mintiendo, pero no sabemos en qué. Pero bueno, con un conjuro sabremos la verdad-dijo Leonor.
A las cinco personas que la rodeaban, se sorprendieron por la palabra “conjuro”. Era una desconocida para ellos.
-Acá el libro dice que los chicos especiales van a ser que ustedes no puedan hacer más conjuros-dijo Francisco.
Lo que escucharon las dejo heladas. Pensaron que Francisco tuvo que haber leído el libro para saber eso, si nunca sacaron el tema de porque eran “especiales”. Pero lo que pasó, es que Francisco atando cabos, dijo con miedo un pensamiento, que justamente era verdad.
-Tranquilas. Capaz que lo que dijo fue mitad deducción y mitad adivinación-pensó Marta.
-¡Pucha! ¡Pero qué mujeres más desconfiadas, por favor!-ironizó Martín.
-Tenemos nuestros motivos-respondió Marta.
-Por última vez. Seguí leyendo-ordenó Leonor mirando a Lucia.
No podía inventar nada. Tenía la mente en blanco. Lo que podía leer ya lo había dicho Francisco. Pero pronto tuvo una idea.
-¡Yo no les voy a leer nada más! Léanlo ustedes, si es su libro. ¿O no?-dijo “rebelde” Lucia.
Las tres mujeres se miraron sorprendidas por la reacción. Era una demostración de que no les tenía miedo.
- ¿No pensas leer más?-preguntó brutalmente Leonor.
-No, ya dije que pueden hacer. ¿Acaso no es su libro?-repitió la pregunta Luci.
-Leonor, Lucrecia y Marta, nos pueden dejar hablar un momento los cuatro-dijo Martín con una gran idea.
-Vayan más adelante. Así nos los escuchamos-dijo Leonor.
Se juntaron en círculo los chicos y Julieta le dijo a Martin.
-¿Qué idea se te ocurrió?
-No les tenemos por qué tener miedo. Ellas son tres y nosotros cinco. Si nos quieren hacer algo, nos podemos defender. Además, ellas son un poco viejas… Seguro ganamos-contestó Martín.
La terminación de Martín provocó en todo el grupo la risa, que fue escuchada por las tres mujeres.
-¿De qué se ríen? ¿Podemos saber?-preguntó Lucrecia, disimulando la risa contagiosa los chicos.
-Ya terminamos. Bueno, pueden seguir hablando-dijo Francisco.
-¡Qué rápido! ¡Los felicito!-les dijo Leonor.
-Por última vez, seguí leyendo el libro-dijo Marta mirando a Lucia.
-No va a leer nada. Léelo vos, si es “tu” libro-avisó Martín.
-¡Claro que es mi libro! Y no puedo leerlo, dale, lee-ordenó a Lucila-y no puedo dar más explicaciones.
-¡Ah! ¡Ahora entiendo! Como queres leer otro idioma, si sabes re poco de español, que lo único que sabes decir es “Basta de explicaciones”-la crítico Francisco.
-Me cansé. Vamos a saber la verdad sí o sí-dijo Leonor a sus amigas y a las cinco personas restantes-¿Cómo se llaman chicos?
-¿Y a usted qué le importa? Nosotros ni siquiera las conocemos-dijo Julieta.
-Es muy injusto-dijo Lucrecia-porque ustedes saben los nuestros. Por favor, los queremos saber.
-Está bien…-respondió Luciana-mi prima se llama Luciana, y sus amigos…-dijo ahora señalándolo a cada uno-…Francisco y Martín. ¿Contentas?
-Muy…-dijo Leonor-“Francisco, Julieta, Martín y Luciana, me dirán la verdad aunque no tengan ganas” dijo con unos gestos raros.
Los chicos sintieron un dolor de cabeza que duro dos segundos. Aunque ellos se burlaron de la frase, no sabían que habían sido víctimas de un conjuro.
-¿Y vos te pensas que eso te va a funcionar?-se burló Martín.
-Sí. Voy a hacer una pequeña demostración. ¿Qué dice el libro realmente?-les preguntó Leonor.
El grupo sintió una terrible necesidad de decir la verdad, y enseguida pensaron que lo que fuera que hubiera hecho, funcionaba. Pensaron entonces en el conjuro de Leonor, y dijeron que si se quedaban en silencio, iban a combatir a las terribles ganas que sentían. Necesitaban ser más fuertes que la verdad. Ante el silencio, que pudieron lograr momentáneamente, las mujeres comentaron.
-¡No funcionó! Capaz que si son especiales, no pueden ser afectados por la magia-dijo con otra indirecta Lucrecia.
Ahora ya tenían un gran dato los chicos. Estaban afectados por la magia. Así también pudieron llegar a la conclusión, de que un conjuro es una frase que involucra a una o más personas y se cumple gracias a la magia.
-Nosotros, no…-luchaba contra su instinto Lucia.
-Dijo “no”. Alguna negación tiene que hacer. Entonces algo es mentira-dijo Leonor.
-Un momento-pensó para sus adentros Lucia-no dice que tenemos que responder a sus preguntas, dijo que sólo podemos decir la verdad-y ahora en voz alta-No… me gustaría que sepan, que son tres viejas arrugadas y muy metidas. Son lo peor que existe en la faz de la tierra-afirmó con la verdad Lucia, aprovechándose excelentemente de su conjuro.
-¿Cómo nos podes decir eso?-le preguntó muy enojada Leonor.
-Vos quisiste que dijéramos la verdad, y lo que yo dije, es lo que verdaderamente siento… y veo-contestó Lucia burlonamente.
-Esto es inaceptable. ¡Contesten de una vez!-ordenó Leonor.
-Todavía no entiendo para que nos necesitan. Si ustedes son magas para que necesitan a cuatro simples chicos-dijo Francisco.
-Ahora van a ver. No van a tener más excusas. “Francisco, Julieta, Martín y Luciana…”-empezó a decir Leonor.
En un impulso, Martín le agarró los brazos a Leonor, Imposibilitandola para terminar el conjuro. Enseguida los otros tres chicos lo ayudaron y sujetaron a las tres brujas que no podían soltarse. Disimuladamente, Lucrecia no hacía nada para intentar soltarse, facilitando mucho el trabajo de los cuatro chicos, que fueron acudidos por Nina. Así, Martín y Luciana tenían a Leonor, Nina a Lucrecia, y Francisco y Julieta a Marta.
-¡Ahora tienen que revertirnos el conjuro!-ordenó Julieta.
-Chicos, yo los puedo ayudar, yo todavía puedo mentir-les dijo Nina.
-Se reveló sola, quiere decir que ustedes estuvieron mintiendo todo el tiempo-les dijo Leonor riéndose.
-Pero ustedes son las que se creyeron las mentiras y tuvieron las dudas-le retrucó Martín.
-No las vamos a soltar hasta que no podamos volver a mentir-informó Lucia.
-¿Por qué no se liberan con un conjuro?-se burló Julieta.
-No podemos hacer ninguno aunque quisiéramos. Necesitamos tener las manos libres-contestó Lucrecia.
-Tranquila Lucre, vamos a ver quien se cansa primero y se duerme. No tenemos que tener ningún problema. Nosotros somos inmortales, ellos no-consoló Leonor a Lucrecia.
-No somos inmortales, nosotros revimos cada tres siglos y medio, podemos morir-corrigió Marta a Leonor.
-Bueno, basta de revelaciones. Mucha información junta-interrumpió Francisco-¿Qué tiene el libro que quieren que lo leamos? ¿Un conjuro para revertir su maldición? ¿Qué maldición?
A esta altura ya no sorprendía la gran capacidad de los chicos de deducción. Marta pensó, que, en vez de seguir dando datos y que ellos aten cabos, mejor les contaba toda la verdad y punto.
-Bueno, está bien. Nosotros somos brujas. Podemos lanzar conjuros hacia personas sin ninguna capacidad o seres naturales. Por ejemplo, sobre seres espirituales no funciona la magia. La maldición es el hecho de que seamos brujas y revivamos después de cada muerte, doscientos veintiocho años (228) más tarde. Y para realizar un conjuro necesitamos hacer gestos especiales con las manos, como hizo Leo recién-confesó Marta.
-¡Entonces están indefensas!-festejó Francisco.
-No tanto…-provocó la duda Lucrecia.
-¿A qué te referís?-preguntó Martín.
-Todavía nosotros nos podemos defender físicamente sin necesidad de usar magia, pero por lo menos yo, no quiero pelear con ustedes-respondió Lucrecia.
-Bueno, o sea que lo que se necesita para revertir la maldición, está en el libro, pero ustedes no lo pueden leer, ustedes piensan que solo lo pueden leer los chicos especiales-dijo Julieta.
-Exacto. El Vitae Veneficas tiene el idioma de las brujas actualmente, pero nosotros como no somos brujas verdaderas, sino que lo somos por un conjuro, no lo sabemos. Pero el libro adoptara el idioma de la lengua original de los tres chicos elegidos, así pueden obtener de él lo que revertirá la maldición-informó Lucrecia.
-Nosotros no somos. Vemos el mismo brujo que ayer-dijo Luciana.
-Bueno, entonces no hay cuestión de violencia. Solamente que nosotros les tenemos que hacer olvidar que ustedes nos conocieron, y para eso sólo tenemos que hacer un conjuro-les dijo Marta.
-No es necesario, prometemos no decir nada-dijo Martín-saben que es verdad por el conjuro de Leonor.
-Tienen razón-dijo Leonor.
-Lucre…-empezó a hablarle Francisco- ¿Nosotros no podemos hacer conjuros?
-Chicos, aunque quisiera no podrían. Los chicos especiales tienen la capacidad innata para hacer conjuros y pociones, solo tienen que aprenderlo. Ustedes adquirían ese poder, si alguien los hiciera brujos o brujas-informó Lucrecia.
-Bueno, basta, ¡Me cansé! Ya está, ¡No somos los chicos de la profecía! Hablemos de nosotros ahora-dijo Julieta.
-Tiene razón. La comprendo-dijo Leonor.
-Disculpen-dijo Lucrecia.
-También compréndannos que queremos encontrarlos-dijo Marta.
-Bueno, chicos, ¿Ustedes qué dicen?-les preguntó mirando a sus amigas y a su hermana-¿Quieren ser brujos o brujas?
Se quedaron pensando un rato la propuesta. Julieta pregunto:
-¿Y qué beneficios obtendríamos?
-Podrán hacer aparecer algo natural o se haya inventado hasta el momento, por ejemplo, un calzado, una comida, animales, plantas, etcétera-dijo Lucrecia.
-Soltémosla chicos-ya les agarre confianza y no parecen malas-dijo Martín.
-¡Tenes razón Martín!-le contestó Luciana.
Los cinco la soltaron. Es lógico que hayan pensado que cuando lo hiciera iban a empezar a conjurar, pero en ese momento estaban tranquilas, porque en el fondo las tres son buenas, no solo Lucrecia, y un poco Marta.
-Tortitas quemadas de azúcar, un burro de animal, quiero que esa golosina y asno, aparezcan en esta casa ya-conjuró Lucrecia con los gestos raros.
Enseguida apareció lo conjurado. Nina de la impresión se desmayó. Los chicos estuvieron a punto de sufrir lo mismo que la madre de Julieta. Sorprendido, dijeron:
-Entonces voy a ser bruja-dijo Julieta-así no sufriríamos de hambre más.
-Así la tía tendría más tiempo para descansar, en vez de cocinar tanto-dijo Luciana.
-Vamos a tener caballos y vamos a poder ir a todos lados-se ilusionó Martín.
-Y yo… voy a hacer aparecer árboles grandes cuando haya mucho sol para tener sombra-concluyó Francisco.
Marta, Lucrecia y Leonor compartieron una sonrisa. Sabían que no corrían peligro con esos humildes chicos.
-Tengo una idea-dijo Marta-No queremos que ustedes por los beneficios quieran ser brujo o bruja, desconociendo sus defectos. Así que hagamos esto: ahora Leonor les saca el hechizo de la verdad y Lucrecia o yo vamos a hacer un conjuro, para que cada uno de los cuatro, tenga nada más que quince conjuros para usar, hasta el resto de su vida. Espero que lo usen en caso de necesidad, aunque puedan usar cinco o menos para darse algún gustito-dijo Marta pícaramente.
-¡Muchas gracias!-agradeció Francisco.
-Bueno, me toca. Demostraron ser chicos humildes y muy buenos. Ese va a ser su premio. “Francisco, Julieta, Martín y Luciana, yo quiero que ahora, mi último conjuro sobre ustedes se deshaga”-dijo con los gestos Leonor.
-Nos parecías la más mala de las tres, pero sos igual que ellas-dijo Luciana.
-Son cambios de ánimo Luci-le dijo tiernamente Leonor.
-Ella es buenísima, sólo hay que saberla llevar-les dijo Lucrecia a los chicos.
-Vos Lucre, sos la más buena de las tres, sos la que nos llevas por el buen camino-le dijo Marta con una sonrisa y dándole un abrazo-por eso te permito que hagas el conjuro de los quince hechizos.
-Hacelo vos. Voy a quedar que soy re buena, y ustedes tienen que ganar reputación-le respondió Lucrecia-dale, hacelo vos.
-Bueno, después de todo tenes razón.”Francisco, Julieta, Martín y Luciana, que cada uno tenga quince conjuros, para usarlos cuando tengan ganas”-conjuró Marta. Sí… con los gestos.
-Ahora, antes de empezar a usarlos y no desperdiciarlos, vamos a enseñarle a usar los conjuros y hacer pociones-informó Lucrecia.
-Dale-dijo Martín.
-¡Uy, esperen! Voy a despertar a tu mamá Juli-le dijo Marta-Nina, madre de Julieta, quiero que ahora, vos te despiertes y ella te vea-conjuró gestualmente.
Nina se despertó y se levantó. Enseguida les dijo a las brujas.
-Ustedes: ¡Váyanse de mi casa! Alejensen de mi hija, mi sobrina y sus amigos.
-¡No, mamá!, son gente buena. Marta te despertó por ejemplo, y nos regaló quince (15) conjuros a cada uno, así lo usamos en caso de necesidad y Leonor nos deshizo el conjuro de la verdad
-Disculpen la interrupción… las tortitas son para comer, pero este burro tiene que desaparecer-dijo Marta-le ocupa un lugar importante de la casa.
-Tenes razón Marta-le dio la razón-hacelo.
-“Burro, quiero que ahora, desaparezcas con este conjuro”.
En el momento, el burro desapareció ante la vista de los chicos y Nina, mientras Luciana y Francisco se sorprendían por que el hechizo fue cortito.
-Bueno, empecemos con las “clases”. Primero los conjuros. Son frases que riman y se hacen con este tipo de gestos extraños-dijo Lucrecia, procediendo a hacer movimientos con las manos, algunos que causaron la gracia de sus amigas, los chicos y Nina.
-A ver… lo voy a intentar-dijo Luciana.
-No, espera-le dijo Marta-intenta el gesto en silencio, así no gastas un conjuro de los que ya tenes.
-Gracias-le respondió Luci.
Hizo un gesto que le salió re bien. Pronto practicaron los su prima y sus amigos, a quienes también les salieron perfectos.
-¡Muy bien! ¡Excelente!-felicitó Marta-ahora, las frases. Hay muchísimas, por ejemplo…: “Estoy aburrida, quiero hacer algo, quiero naipes, asi me divierto con algo”, ese seria para que aparezcan cartas-explicó Marta sin los gestos-“Buñuelos de miel, dulces de coco, que aparezcan esas golosinas para comerlos todos”, ese es para traer comida rica-le dijo a los chicos guiñándole el ojo izquierdo. A ver, intenten ustedes-ordenó.
-Gato y perro, dos animales buenos, pero yo quiero ahora, tener un solo perro-dijo Francisco.
-Leche de vaca, en un tarro, yo quiero que ahora, aparezca lleno del todo-dijo Julieta.
-Miel fresca, miel de abeja, que aparezca en un tarro, asi me lleno el estomago-dijo Martin.
-Me toco el último-dijo Lucia- A ver… Esperen-se le ocurrió una gran idea- ¿Las brujas se pueden hacer conjuros a sí misma?-les preguntó a las tres.
-Sí, claro, pero no a otra. Entre brujas no sirve ninguna poción o hechizo-respondió Lucrecia.
-Entonces… nosotros podemos hacernos un conjuro a nosotros mismos, así por ejemplo-siguió Luci, sin hacer los gestos-“Se me acaban los conjuros, me quedan pocos, asi que quiero diez más, asi me divierto con todo” ¿Entendieron lo que hice?-preguntó.
-¡Pero claro!-dijo Marta-ustedes se pueden aumentar los conjuros a sí mismos, así no se les acaban nunca, pero tenga cuidados de que acordarse de renovarlos a tiempo, si es que los quieren seguir teniendo-advirtió.
-Entonces, podemos practicar el conjuro con los gestos tranquilamente-propuso Martín.
-Árbol para noche y día, que aparezca uno, afuera de esta casa chica-dijo Francisco con los gestos.
Enseguida apareció un árbol robusto afuera de la casa. Los chicos animados probaron también.
-Mucha agua en río grande, yo la quiero limpia ahora, en un vaso descartable-conjuró Julieta, haciendo aparecer una vaso con agua.
-¿Puedo deshacer un conjuro?-preguntó Luciana.
-¡Pero claro!-le contestó Lucrecia.
-Para que haya agua hoy y siempre, que este vaso desaparezca para siempre-dijo para deshacer el conjuro de su prima.
-Bueno, yo también-dijo Martín-Árbol grande o chico, que desaparezca el árbol que acaba de ser visto-conjuró para hacer desaparecer el árbol que había traído su hermano afuera de la casa.
-¡Cuánta habilidad!-les reconoció Leonor.
-¿Entonces podríamos empezar con las pociones?-pregunto Luciana.
-Por supuesto-respondió Marta-el tema es así. Por ejemplo, quiero que este buñuelo de miel-dijo agarrando uno que había preparado Nina-haga bailar enseguida a quien lo coma. Entonces lo hago mágico con un conjuro. Nada de hacer una mezcla rara de objetos o animales.
-Muy interesante-acotó Luciana.
-Entonces… “Buñuelo de miel, quiero que quien te coma, baile hasta tomar café”-conjuró Marta hechizando el buñuelito-¿Alguien lo quiere probar?-preguntó.
-¡Yo!-se animó Martín.
-Está bien, toma y cómelo entero-le aconsejó Marta.
Martín recibió el buñuelo y en minutos se lo comió entero. Al instante, empezó a bailar muy cómicamente. Pronto surgió una interesante duda:
-Marta… Para que deje de bailar… ¿Se tiene que tomar un café o se puede deshacer con un conjuro?-preguntó Julieta.
-Si no hay un brujo cerca que se lo quiera revertir, alguien normal le puede preparar un rico café, o sino un conjuro basta.
-Le voy a preparar un café. “Mi amigo Martín no para de bailar, ahora necesito un café, para que se pueda parar y descansar”-conjuró Julieta.
El café apareció pero Martín con tantos movimientos sin poder detenerse no lo podía tomar. Francisco preguntó:
-¿Sólo quien hizo el conjuro lo puede revertir?-le consultó a las brujas.
-Recién mismo lo comprobaste dos veces-le respondió Leonor.
-Tienes razón. Entonces si no puede tomar el café, lo único que se puede hacer, es usar otro conjuro.
-“Como mi hermano no pudo tomar el café, quiero que se tranquilice y se ponga de pie”-dijo el hermano del “bailarín”.
En el acto, Martín se tranquilizo y volvió a estar en posesión de su cuerpo entero.
-Bueno, ya aprendimos todo lo necesario, ahora volvamos al tema anterior-dijo Luciana-¿No pueden hacer que el libro este en español?
-No, ya lo intentamos y no funciona. Nadie se puede oponer a una profecía-respondió Lucrecia.
-¿Y si destruyen el libro? Así capaz se liberan de la maldición que estaba “encerrada” en el Vitae.
-Nunca lo pensé, pero estaríamos yendo en contra de la profecía también, pero lo pueden intentar-sugirió Leonor-quémenlo, písenlo, rómpanlo, háganle lo que quieran.
Julieta lo puso en el suelo y empezó a saltar sobre él. Su tapa parecía un trampolín irrompible. Así que decidió dejar probar a sus amigos, saltando para atrás, volviendo a su posición anterior.
-¡Me hacia saltar peor!-informó Julieta.
-Ahora intento yo-dijo el hermano de Francisco.
Martín lo agarro y lo quiso romper. Le agarró electricidad ni bien quiso romper el primer pedazo de una página.
-Me agarro un calambre-contó Martín.
-Dejame a mí por favor Fran-le pidió Luci.
-Adelante-confirmó el turno el amor de Julieta.
-“Fuego con maderas, fuego del cielo, que ahora sobre este libro, haya mucho fuego”-conjuró Lucia.
El libro se prendió fuego y luego apareció agua que lo apagó y en el momento se seco.
-¡Este libro es imposible de destruir!-dijo resignado Francisco.
-Yo les dije…-se burló cariñosamente Leonor.
-Debe estar protegido por un conjuro-dijo Luciana.
-¡Eso es!-exclamó Francisco-Voy a hacer un contra conjuro, para revertirlo.
-¡Muy buena idea!-lo felicitó su hermano.
-“Malas almas hay, venganzas habrán, pero que ahora, este libro quede desprotegido ya”-conjuró con los gestos el amigo mayor de Julieta.
-A ver, intentemos-propuso Julieta.
Se decidió a romper el libro, y a saltar sobre él. Primero cuando lo intentó romper, como antes a Martín, le dio electricidad. Después el libro se volvió a hacer un trampolín. Se dio por vencida. Malhumorada por no poder sacarle tantos secretos al Vitae, dijo en voz alta:
-¡Debe ser un conjuro especial lo que revierta la protección!
-Quizás ni siquiera exista-razonó Lucrecia.
-Pero entonces… ustedes van a vivir miles o millones de años, sin morir definitivamente, hasta que no encuentren a esos tres chicos.
CONTINUARÁ...
———
Volver