La extraña casa de mi abuela 1-9

01.08.2012 18:27

 

Capítulo 1: Una extraña casa…

Hoy mi familia me dejo quedarme a dormir por primera vez solo, en la casa de mi abuela, Eugenia Sosa, la madre de mi papá, que tiene un hogar por demás misterioso. Además, lo que paso ese día, lo demostraba muy segundo. La historia, que desarrollaré intensamente en doce capítulos en esta atrapante novela, cuenta las aventuras de Tota y mías, y más tarde de otra integrante de mi familia, en búsqueda de verdades que oculta esa vieja construcción.

Llegue a la casa con mi papa y me recibió afectuosamente.

-¡Hola Abu!-la salude besándola en su cachete.

-Hola Nachito. Me entere que te quedas a dormir. ¡Qué buena noticia! Te va a encantar esta noche.

Me invito a pasar con su hijo, y almorzamos. A la tarde fui a la huerta (o quinta como la llamamos más informalmente con mi familia) y lo ayude con los tomates y a cortar acelga para regalárselos a la dueña del terreno de tierra donde estaba la plantación, porque quedaba en el fondo de su casa. A la tarde mi papá se fue a trabajar a las seis de la tarde, dejándome sola con mi abuela y su rara casa, calificativo que para mí todavía no tenía casi ningún sentido, sino fuera porque pensé que esa casa escondía algo. Ni bien lo despedimos, se fue caminando hasta su trabajo (es enfermero en el Hospital Alberdi), con mi abuela retrocedimos hasta la cocina, donde me mostro tres perillas que están en la pared a la entrada de esa habitación, que ya las tenia grabadas en mi memoria, por tantas veces que fui a la casa de Tota (como le decimos cariñosamente). Bajando la voz, como si se hiciera la misteriosa, porque estábamos solos con las perras (Nena y Negra) y la gata (Michi), me dijo:

-Estos son tres interruptores, Nacho. El primero no se para que sirve, el segundo abre la puerta de un túnel que empieza en el patio, y el de debajo de todo prende la luz alarma del pasillo que tanto te gusta.

-¡Genial Abu!

-Te los enseñe hoy porque me gusta “tenerlos a mano” las noches. Siempre me preguntaste si esta casa vieja, por ser antigua, albergaba algo oculto. Lo único que se de lo que siempre me preguntabas, y yo sonreía y no contestaba, son estas tres “perillas”.

-¿Me cuentas la historia de la casa nuevamente? Por favor.

-Sí-dijo para proceder a sentarnos en las sillas que estaban alrededor de la mesa. Esta casa se construyo en 1950 para venirnos a vivir con mis padres Catalina y Martín (Abdom-apellido de mi abuelo). Fue la primera casa en Machain. Antes era todo campo por esta zona. Después, cuando ellos murieron, me quede en esta casa a vivir con mi esposo José (Martinez, su apellido), y seguí acá después de la muerte de mi querido José, en 1988, hace 24 años. Fue muy dura la pérdida de él, pero nunca volví a enamorarme ni quiero que suceda. Hace como 9 años llegaron las perras que fueron mi compañía y después mi tierna Michi.

-¡Qué historia!-le reconocí.

-Sí, es muy interesante.

Charlamos de muchos temas, con chistes de por medio, que tan graciosos cuenta, mientras yo me quede pensando en los tres interruptores.

¿Sus hijos sabrían para que sirven? Supuse que sí, porque son sus descendientes y los futuros dueños de esta casa, pero al preguntárselo me contesto que no. Dijo que “jugaban” siempre con interruptores pero no se daban cuenta de su funcionamiento, así que llegaron a la conclusión de que están, y estaban para ellos, rotos.

A la noche cenamos ñoquis casero con salsa-mi mamá dice que es comida muy pesada para la noche-pero mi abuela a todo le agrega ensalada y, en vez de prepararla con radicheta, la hizo esta vez con escarola, que, según ella, es más rica.

Vimos un rato televisión y después me preparé la cama al lado de ella y nos quedamos charlando con ella, mientras me intentaba dormir, evitando asustarme por la oscuridad debajo de la cama de doble plaza de la madre de mi papá. No pude, escuche que alguien abría la puerta de la casa de mi abuela, y escondidos y asustados, pudimos suponer que por no poder abrir la puerta con doble traba, entraron por el pasillo.

Capítulo 2: Los ladrones atacan.

Con mi abuela nos levantamos, ambos con pantuflas, tratando de hacer el menor ruido posible. Fuimos hasta la entrada de la cocina, donde activó el tercer interruptor, sonando la alarma con luz del pasillo. Los ladrones-sabríamos después-se asustaron y corrieron para delante.

-¿Cómo se prendió esa alarma en esta casa vieja y sin tocar nada?-preguntó Matías.

-No sé, pero mejor que empecemos a robar rápido y salgamos-le aconsejó su hermano Damián.

-Sigamos adelante. Quizás haya algo-opinó Andrés, el cobarde de los tres.

Mientras ella se quedo ahí con las perillas, me fui a la ventana del lavadero, que linda con la cocina, y la comunica con el patio trasero, y corriendo la cortina vi que los ladrones estaban cerca de una de las salidas del pasillo. Le señale con la mano a mi abuela su ubicación y corrió para el otro lado el segundo interruptor. Corrí la cortina un segundo después y vi que los tres ladrones se caían en un túnel.

-¿Eh? ¿Una trampa?-preguntó Damián.

-¿La habremos pisado y se habrá activado?-pensó Andrés.

Rápido de reflejos, agarré un palo y con mi abuela fuimos a la entrada del túnel. Los ladrones no podían salir–esta parte la agregué después-porque estaba muy oscuro, y no vieron la escalera para subir y escaparse.

Con Tota los encaramos, porque cuando los estaba espiando, vi que estaban desarmados.

-¿A ustedes les da la cara para venir a robar a una anciana?-los recriminó mi abuela amargamente.

-Vinimos indefensos, porque pensábamos que con usted no íbamos a tener problemas, y que su nieto era un cobarde. Éramos tres contra dos.

-¿Desde cuándo ladrones hablaban tan formalmente?-pregunté sorprendido.

-Estamos atrapados. Tenemos que ser buenos para que nos dejen salir-dijo Matías.

Nos quedamos mirándolos un rato hasta que llego la policía por la alarma. Mi abuela les fue a abrir y le contamos todo.

-Prisión preventiva recomendaría, porque en realidad no llegaron a concretar el delito que tenían previsto-le aconseje al comisario.

-Generalmente no acepto opiniones de las víctimas o lo que serian ustedes, pero te la voy a acepar porque es un caso poco común, que los que estaban en riesgo hayan podido contrarrestarlo y atrapar a los delincuentes-dijo él.

-Ellos son mis amigos. Yo no estaba muy convencido. Pero como acepte también soy responsable-confesó Andrés.

-Ibas a caer con ellos igual-le respondió Roberto, que era como se llamaba el policía.

-Vamos, sáquenlos de ahí-ordenó el señor de mayor jerarquía-¿Cómo hacemos?-le preguntó a mi abuela.

-No sé. Nunca entré-respondió.

Agarre una linterna que estaba por ahí  y alumbre el túnel.

-Ahí hay una escalera-les avisé a esos chicos.

La subieron uno atrás de otro y, después de ponerles esposas, se lo llevaron a la comisaria. Fue lo último que supe de ellos en ese momento. Con mi abuela, un poco más tranquilos, nos fuimos a dormir, no sin antes, desactivar los interruptores usados.

Capítulo 3: El día siguiente.

Me desperté cerca de las seis de la mañana y encontré a mi abuela rezando. Me dijo que lo hacía siempre, y que a veces se volvía  a dormir, y otras, ya se quedaba despierta para el resto del día. A las nueve de la mañana apareció Lidia, la mejor amiga de mi abuela, preocupada porque todo el barrio ya se había enterado del intento de robo. Después llegó Mercedes, su vecina de enfrente y nos quedamos charlando entre los cuatro. Mi abuela dijo que nos salvaron esas útiles perillas y que o sino quien sabe.

Tomamos unos mates, hasta que se tuvieron que ir, primero Lidia y después Mercedes que tenía que preparar el almuerzo para sus hijos. Un poco no tenia apuro, porque cruzaba la calle y ya llegaba a su casa.

Cuando nos volvimos a quedar solos, me quede pensando que otros misterios podría tener la casa donde estaba en ese momento.

-No le vamos a contar nada a tu padre ni a nadie. No quiero que nadie se preocupe por algo que no pasó-me dijo repentinamente mi abuela.

A las 12 del mediodía, mi papá salió de trabajar y me fue a buscar a la casa de su madre. Almorzamos ahí a pedido de Tota y después me fui a mi casa pensando. ¿Para qué servirá el primer interruptor? Porqué si dos funcionan, el otro también tiene que funcionar.

Me quede pensando todo el día y deseando que ocultara más misterios…

Capítulo 4: La segunda noche.

Otra vez mi familia, sobre todo mi papá, me dejo quedarme a dormir en la casa de mi abuela, pero otro día distinto. La primera vez que me quede sólo con ella una noche, paso el asalto que detuvimos con dos de los tres misteriosos interruptores, que ya conocemos. Mi abuela me recibió con un beso y un abrazo. Era una tarde preciosa, pero se notaba que se estaba nublando poco a poco.

-Va a llover en cualquier momento-vaticinó mi abuela.

Efectivamente, después de comer ñoquis con salsa y ensalada, charlamos un poco y a las diez de la noche nos fuimos a dormir. No puedo negar que tenía ganas de que otra vez pasara algo. La primera vez que habían entrado los ladrones, (que fue porque siempre nos estuvieron vigilando, y, como pensaban que mi abuela y yo teníamos dinero), habían decidido actuar cuando me quede a dormir, porque pensaban que yo le iba a sacar a mi abuela la información de donde ocultaba el dinero. Con ella ya acostados sobre la cama, recordamos el episodio. Hablamos de todo hasta que se hicieron las una de la mañana y finalmente nos dormimos, y además, nos sentíamos protegidos porque se largo muy fuerte una tormenta. Dormí aproximadamente hasta las dos y cuarto de la mañana porque me empecé a mojar. Desperté y vi que se había inundado un poco la casa. Me subí a la cama de mi abuela, porque yo estaba durmiendo con un colchón en el suelo, y muy decidido, la desperté.

-¡Abu, abu!-le decía zamarreándola.

Se despertó al rato y se empezó a desperezar.

-Nachito… ¿Qué pasa?

-Abu, se está inundando la casa.

Mi abuela abrió los ojos muy grandes y reaccionó de inmediato. Se puso sus pantuflas, yo me calcé mis zapatillas y nos levantamos. Vimos que al comedor todavía no había llegado agua y también observamos lo que iba a cambiar nuestra noche.

Michi, la gata de mi abuela, por si no lo recuerdan, había arañado una madera de la pared y la había roto, quizás por los nervios por la lluvia. Le advertí a mi abuela que había un papel trabado, entre otra madera de la pared. Con un poco de esfuerzo, porque estaba muy bien guardado, lo logramos sacar. Lo abrimos, prendimos una vela porque se había cortado la luz y conocimos un maravilloso plano.

Capítulo 5: Los primeros secretos.

Discutimos con mi abuela acerca de la interpretación del gráfico. Estaba la figura reconocible de la casa, pero con algunas modificaciones. En varios dibujos estaba la presencia del túnel secreto, y en otro la que parecía un pasadizo, por lo que nos hizo pensar que había uno escondido por la casa. Mientras mi abuela cuidaba el mapa y lo intentaba descifrar, fui a la habitación de ella para intentar detener la inundación. La gran araña que colgaba del centro de la pieza, parecía rara así sin luces. Hasta que mirándola detalladamente descubrí que cerca del medio de la araña, había un papel amarillento amorronado ahí. Me subí a un costado de la cama y lo saque fácilmente. Lo leí. Era una carta que transcribo acá porque todavía la tengo guardada en un cajón de la casa de mi quería abuela.

                                               Rosario, Viernes 17 de abril de 1964

Querida hija:

                       Estoy acá en mi habitación, que después será la tuya y la verdad es que si encontraste esto, es porque, o ya encontraste el mapa, o encontraste esta carta arriba de la araña que tanto te gusta.

                   Cuando se hizo esta casa, el albañil fue muerto pocos días después, así que no creo que nadie de su entorno sepa que le pedimos que arme una casa distinta a todas, aprovechando que fue la primera que se hizo sobre este ex campo.

                   Hay muchas hojas desparramadas sobre la casa, que conducen a un secreto que nunca te quise contar en vida, y si te lo dije, cuando lo sepas, sabrás si después de haber escrito esta carta te lo dije o no.

                    Seguramente ya conocerás la función de mis tres queridos interruptores, que trabajamos con tu padre con un mecanismo un poco fácil para hacerlos. El primero abre la puerta secreta del pasaje oculto, el segundo, abre el túnel que esta acá en el patio, y el tercero, prende la luz del pasillo.

                        El túnel cuenta con un botón que abre una caja que tiene una carta de tu padre. Si todavía no lo descubriste, es porque está tapado con telarañas.

                     Bueno hija, me despido. Aproveche para escribirte esta carta mientras estabas durmiendo. Te amo mucho.

                                                                              Catalina.

Enseguida me baje de la cama y se la lleve a mi abuela. Prendí otra vela, porque la otra ya se había consumido. Le explique que había encontrado, se sorprendió y se la dí. Tomándola entre las manos, la empezó a leer. Terminó llorando. Me alegre por un lado, porque iba a saber otra cosa de sus padres, después de su muerte, que es como si volvieran a la vida por un ratito.

-Ahora hay que conocer esta casa mejor que nunca. Oculta un gran secreto. No lo conozco pero si tanto escondite para eso, por algo será, ¿no?-me dijo.

-Sí, abu. Llora tranquila. Te aseguro que la vamos a encontrar.

-Yo no voy a dormir más, voy a empezar la búsqueda ya. Encima me encanta la lluvia porque me siento protegida por ella. Tenemos media casa para usar, porque la otra esta al aire libre y estamos encerrado en la madrugada acá a propósito-quería decir que no íbamos a tener nada abierto, porque cierra todo como cualquier ser humano normal, cuando se va a dormir.

-Yo tampoco abu. Sabes que me encantan los misterios y este nos involucra a los dos. Soy tu cómplice en todo. Acuérdate que vos, yo y los policías solo sabemos lo del asalto.

-Sí Nacho. Bueno, vamos a activar el primer interruptor.

Fuimos hasta la cocina que quedaba a dos pasos, porque el comedor y tal son habitaciones continúas y entre los dos, con una mano tiernamente arrugada y la otra mía firme, tiramos la perilla hacia la izquierda. Enseguida sentimos un ruido suave, y descubrimos que en el lavadero, había una puerta, que nosotros pensamos siempre que formaba parte de la pared. Era un pequeño lugar que quedaba debajo de la escalera que llevaba a la terraza. Allá encontramos una nota que leímos entre los dos:

Hija: Si encontraste esta nota, es porque no fuiste a la puerta del túnel de afuera, o todavía no descubriste la otra puerta que hay en tu habitación, o capaz porque todavía no sabes de él o lo que hay ahí. De todos modos, ya con esto confirmo que lo sabes. Saludos. Martín.

Me encanto estar en ese lugar. Había objetos raros y antiguos, que seguramente por esa razón no conocía. Deben ser las tres de la mañana ahora.

-Si entran ladrones, como el otro día, nos venimos al pasaje así no nos encuentran. Quizás roben todo, pero capaz nos salvemos de que nos maten-me dijo mi abuela pensante.

-Abue, ¿Nunca sospechaste de los misterios de esta casa?-le pregunté muy intrigado.

-Sí, pero era chica, estaba enamorada y no prestaba atención. Todo te lo debo a vos, porque desde que te quedaste a dormir, se empezó a develar una parte importante de la historia.

-De nada Abue, sabes que podes contar conmigo para lo que quieras. Yo te agradezco tener una casa “rara” porque me encanta resolver misterios.

Aparecieron Nena y Negra, las perras de mi abuela, que seguro se despertaron por nuestros movimientos y conversación. Enseguida fuimos a su ex habitación, la que linda con el lavadero, y al rato de buscar, descubrimos debajo de la cama de la perra, una puerta. Mi abuela descubrió que atrás de un espejo, había un botón. Mientras corrí la cama de lugar, lo apretó y se abrió.

Baje por la escalera. Había poca luz y casi no se veía nada. Tenía que buscar un botón para descubrir el gran secreto.

. Era un lugar grande, y me divertí pensando debajo de qué lugar de la casa estaría ahora. Hacia el final, reconocí otra puerta. Me sorprendió y llegue a una escalera. “Debe ser la que está en el patio trasero”-pensé. Efectivamente, la subí, y estaba el botón para abrir y cerrar la puerta. Nosotros descubrimos sólo la puerta del patio primero por dos razones:

.Esa entrada fue la que se abrió y la que atrapo a los ladrones.

.Era visible a la vista. Además, la otra pieza no es concurrida casi nunca.

Volví a bajar por la misma escalera, para continuar con la búsqueda del botón. La puerta por la que ingrese, me serviría para entrar cuando estuviera todo cerrado.

Al rato lo encontré, desapareciendo de la vista de mi abuela. Estaba antes del final del túnel, casi en el medio, encontré un botón tapado de telarañas, con unas pequeñas arañas que estaban vivas, pero que supuse que no eran peligrosas por cómo eran. Las saque con un palo que estaba por ahí tirado y apreté el botón. Se abrió un pequeño cajón, como dentro de la pared y ahí encontré una caja con un candado. “Mi abuela debe tener la llave”, pensé. Agarre el cofrecito, cerré la puertita del cajón bien fuerte asi el botón seguía pudiendo usarse.

Mi abuela se alegro cuando me vio y las perras empezaron a mover la cola y ladrar, supongo de la alegría por volverme a ver, aunque tan lejos no me fui. Le di el cofrecito y vio el candado. Después fui a reapretar el botón del espejo, para cerrar la puerta. Mi abuela dijo que no tenía la llave, pero luego con una sonrisa me dijo que había recordado que de la cadenita que le había regalado su papá cuando se caso, colgaba una llave. Efectivamente, era cierto que la tenía guardada. Mi abuela al rato vino exhibiendo triunfal una cadenita puesta con una llave al final.

Dimos la vuelta, porque estábamos en el baño, para ir a la cocina donde mi abue había dejado la pequeña cajita. Accionó el cerrojo, se nota que era la llave correcta, y se abrió dejando ver una carta. Me aleje un metro y medio de mi abuela, asi respetaba la privacidad de la carta, porque estaba destinada a ella. Con lágrimas en los ojos, empezó a leerla. Cuando terminó, me la pasó ya moqueando y me dijo:

-Nacho, te corresponde leerla. Vos sos parte de todo esto.

-Pero Abu, es un tema privado entre vos y tu papá.

-Dale, me voy a enojar sino.

Le iba a decir: “Enójate si queres”, pero era por cortesía, y yo la quería leer, porque soy re chusma y me moría de ganas.

                                                 Rosario, Martes 3 de febrero de 1959

Querida Eugenia:

                    Sabes que te amo con todo mi corazón. Sin embargo, estos últimos años me siento muy mal. Con tu madre no andamos muy bien y no soporto que tus hermanos se casen y se vayan de casa. Les dí todo y me duele mucho esta situación. Construimos esta casa para venirnos a vivir todos juntos porque sos la única que nos queda. No soportaría perderte a vos también, a nuestra hija menor.

                    Así, se me ocurrió hacerte una casa distinta a las demás, con un túnel, un pasaje secreto, tres interruptores, botones ocultos… Así no ibas a querer irte de esta casa nunca más, porque sé que te gustan las aventuras.                 Siempre te gustaron mucho las cosas de hombres. Hasta ahora, que estamos acá con tu mamá, te podemos retener si decidís irte alguna vez, pero espero que después de nuestra muerte, sigas viviendo acá por el resto de tu vida. También deseo que descubras alguno de los tantos secretos de esta casa, cuando ya no estemos…

                    Te amo como siempre. Sabes que sos mi hija preferida.

                                                                              Martín Sosa.

Me quede impactado por semejante revelación. Ahora conocía porque que la casa de mi abuela, era tan extraña. Había una sólida razón. Ella descubriría todo y no se querría ir de una casa única en todo el mundo.

Mi abuela me abrazó de la nada y yo se lo respondí muy conmovido. Llorando, me dijo que descubrió casi todo con mi ayuda. Yo había encontrado la nota en la araña, había bajado al túnel… Ella por su parte ya conocía los tres interruptores y su gata, gracias a sus nervios, nos hizo encontrar el gran mapa de la casa.

Capítulo 6: El regreso de los ladrones.

No pudimos dormir, así que preferimos prender el televisor despacio un rato. Mi abuela empezó a hacer zapping. Pasó por un canal rosarino que nos dejo helados a ella y a mí.

En un momento, casi no me desmaye por el miedo. Un conductor de noticieros estaba presentando la noticia: “Y ahora, una mala noticia para los que viven en zona norte. Los  ladrones que fueron atrapados por el asalto frustrado a una casa de una anciana en la calle Machain, siguen fugados de la comisaría donde estaban y no se conoce su paradero. Cualquier información, llame o acuda a su comisaría más cercana-pasaron un informe y después concluyo-Seguiremos informando”.

-¿Cuándo se escaparon qué no me entere?-pregunté indignado.

-Se ve que hace rato. No lo habré sabido antes, porque después de lo del otro día con los interruptores, estuve ocupada pensando en eso, en vez de ver tanta televisión.

-Habrá que estar más resguardados que nunca. Igual si vuelven, no nos van a encontrar, porque nos vamos al pasaje secreto y listo.

-Claro Nacho-me respondió poco tranquila-iríamos a escondernos allá.

Preparo dos tazas de leche tibia, una para ella y la otra para mí, para despabilarnos un poco. Al rato, las perras empezaron a ladrar muy fuerte y a Michi se le pararon las orejas. Nosotros escuchamos pisadas en la terraza. “Los ladrones-pensé-quien sino va a querer volver a intentar robar en esta casa. Se quedaron con las ganas”.

Enseguida, mi abuela fue hacia la puerta del pasadizo con el teléfono inalámbrico, mientras yo iba a activar el primer interruptor. Se abrió la puerta mientras ella entraba y yo me dirigía hasta ahí. En el momento en que entré y cerré la puerta con un botón que apreté en ese pequeño lugar, que queda debajo de la escalera de la terraza, escuchamos que intentaban abrir la puerta que separaba el patio trasero del lavadero.

Poniendo la oreja en la pared, y por los ruidos, supuse que rompieron los vidrios de una de las ventanas y entraron por ahí. Mi abuela muy callada, marco el número de la policía y llamó, mientras yo estaba con la oreja pegada a la pared, para intentar escuchar lo que pasaba del otro lado. Al rato contestaron.

-Hola. Buenas noches-escuchamos, porque estaba en altavoz.

-Hola policía. Soy Eugenia Sosa. Estoy sufriendo un asalto por los tres ladrones que se escaparon de su comisaría. Vengan acá enseguida. La dirección sino se acuerdan es Machain 2623.

-Enseguida vamos Tota-dijo la reconocible voz del oficial, que atendió el frustrado asalto de la otra vez.

Mi abuela corto y me pregunto qué estaba pasando.

(Todo lo que contare ahora, lo supe después por el testimonio de los ladrones).

Entraron a la cocina rompiendo la ventana de arriba de la canilla del lavadero, y recorrieron el resto de la casa. En un momento, Matías les dijo a sus amigos.

-Estos son los famosos interruptores, con los que nos agarraron el otro día. Vamos a probarlos.

Activaron el segundo interruptor, y se abrió el túnel. Damián fue a confirmar que funcionaba, y a volver, Matías activo el segundo. Sufrí por un momento, porque se había abierto el pasaje. Enseguida volví a apretar el botón, para cerrar, justo cuando Andrés, venia al lavadero para fijarse para que servía.

Cuando activaron el tercero, supieron que la luz alarma estaba sonando y volvieron a desactivarlo.

-Ahora veamos que podemos robar. Esta vieja tiene una fortuna guardada me dijeron todos-dijo Matías.

-Dale vamos. Vos Mati, anda a las piezas a buscar y vos Andy, fíjate en los cajones del comedor-ordeno Damián a su hermano primero y a su amigo después.

Habremos pasado un poco menos que cinco minutos muy callados, hasta que llegó la policía.

-¡Nos delataron!-dijo Damián.

-¿Pero quién? Si no hay nadie-comentó Andrés.

-¿Algún vecino?-dudó Matías.

-Capaz-respondo Damián.

En plena madrugada sonó la voz reconocible del oficial.

-Salgan. Están rodeados. Si tienen un rehén, suéltenla. Negociemos nosotros.

Se me paralizo el cuerpo, el corazón y todo lo demás. Mi profesora de Ciencias Naturales en primer o segundo año de la secundaria (octavo y noveno), me enseño que cuando tenemos miedo, nos da adrenalina. Yo estaba lleno de ella. Sin querer había confesado que estaba aunque sea mi abuela en la casa.

-Entonces alguien de acá hizo la denuncia. Pero si no hay nadie-preguntó muy enojado Matías.

-Capaz que está en el túnel-opinó su hermano.

Fueron hasta él y lo recorrieron entero. No podían creer que no los encontraran. 15 (quince) minutos después aproximadamente, la policía reiteró su llamado.

-Entraremos en la casa. Eugenia, sepa que la vamos a rescatar, si es que aún vive.

Claro que aún vivía (que vivíamos). La casa se auto defiende siempre y cuando mi abuela, los dos o yo estemos despiertos. Mi abuela se lleno de terror cuando Michi empezó a arañar la pared del pasaje, mientras las perras la venían  a ayudar. Los ladrones vieron esa escena y pensaron. Decididos, fueron directo a apretar, el primer interruptor.

Esta vez, sí escucharon el ruido de la puerta abrirse, y fueron demasiados ingeniosos, para vernos en el pequeño lugar donde estábamos. Pensé “Este es nuestro final”. Pero arruina que yo cuente lo que paso, aunque lo hare, porque si lo estoy contando, significa que yo sobreviví, aunque no saben si mi abuela también.

La cuestión fue que sucedió la siguiente “escena”.

-Por fin descubrimos el último secreto de esta casa. Un asalto frustrado valió la pena. Matemos tranquilos a estos para quedarnos con este gran lugar, y cuando nos vengan a buscar, nos escondemos con sus cadáveres en este “escondite” y no nos van a encontrar. Pasaremos en la historia, como los mejores ladrones del mundo-dijo macabramente Matías.

Ya no puedo explicar mis sensaciones. Las perras empezaron a mostrarle sus dientes y Michi araño a Damián. En medio de los ataques, sin pensarlo, agarre un palo y lo golpee con él a Matías. Andrés, después de ser mordido, salió de la casa entregándose.

-Faltan dos-dijo el oficial a los demás policías. ¿Qué estará pasando?-preguntó para que ocurriera lo que paso (que agitado, Andrés contara todo lo que vivió hasta el momento).

Matías, el peor de los tres, en un ataque de furia, me agarro de los cabellos y me empezó a sacudir. Damián iba a hacer lo mismo con mi abuela, pero el gruñido de las perras y un arañazo de Michi fue necesario para detenerlo. Pude darle a su hermano un cabezazo que le dolió dos segundos y me arrojo hacia la pared logrando despistarme. Mi abuela me conto que cuando Matías se mareo, las perras aprovecharon y le mordieron la pierna. Mi abuela, con el mismo palo e increíblemente con más fuerza, lo golpeó a Damián, mientras Matías se daba por vencido. Tarde en incorporarme. Grité para avisar que estaba ahí con mi abuela en ese “combate”, y fui oído. Lo último que hizo Damián antes de “levantar la bandera blanca”, fue sacar un cuchillo de su cintura. Le saque de la mano el palo a mi abuela y se lo logre sacar, luchando como si tuviéramos dos espadas.

Con mucho dolor, mi abuela fue a abrir el patio delantero que conduce a la calle para abrirle al oficial y a sus acompañantes. Capturaron a los ladrones con esposas, mientras Andrés estaba medio serio y sonriente.

-A una cárcel de máxima seguridad. Por las dudas, para que no se repita-alcanzamos a escuchar con mi abuela de la boca del oficial, antes de volver a entrar, viendo como se lo llevaban en un auto del policía, seguido de otro móvil de la misma fuerza de seguridad.

Pensé que ese sería la última vez que viera a los ladrones en persona, y hasta el momento de escribir esto, no me equivoqué. Entramos en la casa y un instinto hizo que le avisara a mi abuela que, por la puerta de la habitación, entraría al túnel. Lo recorrí con más luz que antes, y descubrí un ladrillo desencajado. Lo metí para adentro, y surgió un picaporte de ese pedazo de pared. Asombrado, lo giré y se abrió como una puerta. Camine un pequeño camino hasta que llegue hasta una escalera con un botón y una puerta. La abrí y aparecí en el lavadero, de la casa de mi tía Coni (Julia Coceres). Mientras ella dormía, yo, como un ladrón y sin permiso, estaba en su casa…

Capítulo 7: Otra casa misteriosa…

Volví y le comenté el descubrimiento a mi abuela. A la mañana se lo diríamos a mi querida tía materna. Pero mientras, surgieron algunas dudas, con algunas respuestas…

¿Por qué el túnel pasa por la casa de Peter (su vecino, su casa queda en el medio de las dos), pero no da una puerta hacia ella?

Porque era extra-familiar, pero gran amigo de ambas mujeres.

¿Por qué continuaba el túnel secretamente a la casa de Coni?

Porque sus abuelos eran amigos de los padres de mi abuela.

¿Es posible encontrar una historia compartida?

La tercera pregunta también encontró respuesta. A las nueve de la mañana, fuimos con mi abuela a la casa de la hermana de mi mamá, y le contamos toda la historia. Al final, nos dijo:

-Nunca le conté esto a nadie, porque tenía miedo pero a la vez curiosidad. Abajo del lavarropas, hay un hueco en el piso, y creo que vi un cofre.

-Corro el lavarropas, y lo intento sacar-le dije a ambas mujeres.

Dicho y hecho, con el aval de ambas, ayudado con un guante lo saqué, ante la sorpresa de mi tía y abuela. Estaba cerrado, situación que provoco que Coni me dijera.

-No sé donde puede estar la llave.

-Voy a intentar con la mía. Es un cofre igual al mío-me dijo mi abuela, haciendo referencia al que yo había encontrado en el túnel.

Mi abuela se puso muy feliz al abrirlo, ante el asombro de mi querida tía Coni. Como era de esperarse, por lo menos por mí, tenía una carta.

                                                 Rosario viernes 6 de febrero de 1959

Julia querida:

                    Si estás leyendo esta carta, seguramente te habrás contactado con la hija de mi amigo Carlos, Eugenia, para abrir este cofrecito con su llave. Seguramente tu actual vecina ya descubrió los secretos de su casa, pero lo que te ocultamos con tu mamá, es que esta casa también tiene sus misterios… Hay un botón en tu casa que te servirá para protegerte. El pasaje que conecta a tu casa con la de tu quizás amiga, es solo uno de ellos. Hay otro secreto que te ayudará a realizar una búsqueda con la hija de Catalina.

                    Los misterios se están por terminar… el legado familiar ya se conocerá del todo. Espero que las dos puedan concluir lo que nosotros cuatro empezamos. Los queremos mucho. Te ama mucho. Tu papá.

                                                                             Carlos Coceres

Ante la lectura atenta y en voz alta, de parte de Coni de la carta, decidimos apurar el proceso, para terminar de descubrir, y esta vez sí, de una vez por todas, los secretos de ambas casas de la calle Machain a la altura 2600.

Dedicados todo el día a eso, mi abuela visualizó algo en el mismo hueco donde estaba el cofrecito que tenía una carta de Carlos, y me pidió ayuda. Saque un collar que tenía un objeto circular con letras, como si fueran partes de algo y encajaran.  De pronto recordé un libro con un agujero en el medio, que había visto en la galería de objetos, del pasaje secreto. Estaba seguro que ese “amuleto”, por llamarlo de alguna manera, encajaba en el libro y se podía leer entero y bien.

Comuniqué a mis familiares mi pensamiento y mi abuela coincidió conmigo. Saqué el escrito circular fácilmente del hueco del piso, y fuimos con  Coni y Tota a la casa de esta última.

Coni se sorprendió por conocer las funciones de los interruptores que ya tantas veces había visto a la entrada de la cocina de la casa de su vecina. M tía activo el primero, para darle el privilegio, porque nosotros ya lo habíamos hecho varias veces, y con su bastón, Coni fue al pasaje con mi abuela, a quien yo estaba ayudando a caminar. Al rato encontramos el libro y mi tía lo completo, y efectivamente, encajaba en él y lo completaba perfectamente. Por las dudas, lo pegamos con cinta y abrimos el libro. En la tercera página decía:

Capítulo 8: El medallón y la búsqueda.

“Indu, el dios de la vida en la cosmogonía indígena pampeana, regaló una máscara con su rostro para proteger a su gente cuando él estuviera ocupado, y no pudiera atender sus intenciones. –El mayor peligro que existe, es el de la muerte, por eso quien se ponga mi máscara, tendrá vida-decía. La máscara desatara poderes nocivos si se destruye, pero hace inmortal o revive a quien la posea en su rostro. Gente ajena a nuestra comunidad, cuando conoció la máscara, dijo que está valuada en una gran fortuna, además de su aporte histórico. Después de esto, nuestra gente decidió ocultarla para que pertenezca intacta semejante reliquia para nosotros y no desate ninguna catástrofe. Es nuestro deber. O sino Indu, nuestro gran Dios, descargará su castigo sobre nosotros”.

Abajo había una notación hecha con tinta, relativamente reciente, como una nota ajena al momento de la escritura del libro, que dice.

“Si están leyendo esto, es porque tienen el medallón escriba de la casa de Coni, además de activar el primer interruptor de la casa de Tota. Saben que los cuatro somos buena gente, entonces si íbamos a ocultar algo, que beneficie también a los demás. Así conocimos a Silte[1], un hombre descendiente indígena que nos dio la máscara para que la guardemos en un lugar seguro para siempre, protegiéndolos de cualquier posible desgracia. Esta escondida en esta casa. El medallón los ayudará a abrir una puerta secreta, que se esconde en la parte del túnel, que le corresponde a Coni.” Carlos, María, Catalina y Martín.

-¡Una máscara!-se asombró mi abuela-Lo que no creo es que en un mundo tan científico y tan racional, tengamos derecho a creer que tiene poderes sobrenaturales.

-Abuela, la tenemos que buscar. Aunque no tenga poderes, nos ayudara si nos quedamos sin dinero. La venderíamos y tendríamos una fortuna. A mí eso no me interesa, pero entiendes a que me refiero. La quiero buscar y encontrar-le dije.

-Ustedes pueden empezar a buscar cuando quieran. Yo me voy a cocinar, que al mediodía viene Héctor-su hijo, mi primo-a comer. Saben que pueden contar conmigo siempre, y cualquier novedad me avisan-avisó Coni.

-Te lo prometo-le juré.

-Solo Nacho puede ir al túnel. Nuestra edad no lo permite Coni-dijo riéndose tiernamente.

La acompañe hasta la puerta, mientras mi querida abuela, llamaba a mi papá, para tratar de que yo me quedara otro día más-ya serian tres, pero esto estaba más interesante que nunca. Milagrosamente, y además porque es la madre, aceptaron mis padres. Le explicaron que para ellos, es como si me hubiera ido de campamento (aunque no sabían que lo que en verdad estaba pasando, era mucho más emocionante).

Almorzamos con mi abuela, milanesas y puré, con la ensalada que tan rica le sale, de lechuga y tomate, y al rato se fue a dormir la siesta. Antes me dijo:

-Me voy a pegar una siestita Nachito, vos hace lo que estamos pensando en este momento. Encuentra la máscara de ese Dios.

Le seguí el consejo y me fui con una mochila, como si me iría muy lejos, y puse una linterna, el medallón, y la llave que me dio mi abuela de su cadenita

Por cuestión de seguridad, fui al túnel desde la habitación “de huéspedes”. Pase por la puerta oculta hacia el pasillo subterráneo de la casa de mi tía y casi en el medio encontré un pedazo de pared con un semi agujero. Puse ahí el medallón, y por instinto, lo empuje para adentro. Al revés de lo que me había pasado con el ladrillo desencajado que conduce al túnel de Coni, no pasó nada. Probé girarlo, y se fue corriendo de su lugar, hasta que una parte de pared que se corría suavemente dejaba ver un papelito. Agarre el medallón, cerré la puerta después de entrar a quien sabe qué lugar, y leí el papel.

“Seguro sos algo de mi nieta o algo de la hija de Carlos y María. Espero que seas buena persona. Ojalá llegues a la máscara de Indu”-rezaba la reconocible letra de Martín.

En el medio de ese lugar había una especie de tótem, y al frente algo que era una puerta. Estuve un rato sin hacer nada, porque no había ninguna pista de lo que tenía que hacer, para cruzar al otro lado, que seguro había, hasta que me puse a pensar, apoyándome en el tótem. Me senté y empezó a bajar al mismo tiempo que bajaba la pared hacia una abertura del suelo. ¡Cuántos mecanismos!-pensé.

Crucé la puerta y me asusté cuando empezaron a venir miles de arañas a esa habitación. “¡No deben ser peligrosas, mis abuelos no perjudicarían a su familia!”-además, seguí reflexionando, me tranquilizó el hecho de que el otro día leí que de todas las especies de arañas, pocas son peligrosas. Por las dudas, fui corriendo hasta la otra puerta que tenía un picaporte. “La primera puerta normal”-pensé riéndome-“Se puede abrir asi nomás sin hacer nada. Capaz mis abuelos se cansaron de andar haciendo mecanismos tecnológicos para su época”.

Giré el picaporte y la puerta se abrió. Pensé que iba a ser la búsqueda más larga, pero luego me acorde que ese túnel circular era chico, porque tenía que comunicar ambas casas. Había una estatua de la cual su cabeza, estaba cubierta por la máscara. Avancé hasta ella con temor.

Capítulo 9: La máscara de Indu.

“Esto no es una película, así que cuando saque la máscara de su lugar, no tendría que pasar nada”. Efectivamente, la saque y la primera reacción que tuve fue ponérmela, para quizás protegerme de las arañas que podían resultar peligrosas

Dispuesto a llevársela a mi abuela, retrocedí hasta abrir la puerta con el picaporte, y fui salteando arañas hasta la puerta. Levante el tótem y se cerró. Creo que nunca más tendría que volver ahí.

Para poder abrir la puerta, encaje el medallón de vuelta en la pared y, girándolo esta vez para el lado opuesto, se abrió. Encaje el ladrillo del lado inverso, para ir a la parte del túnel de mi abuela y subí por la escalera que llevaba a la puerta de la habitación que lindaba con el baño de la casa.

Encontré a mi abuela durmiendo en su cama. Sin respetar su siesta, la intente despertar. Entreabrió sus ojos, supongo que me vio, se asustó, y se “durmió” nuevamente de repente. “Se desmayo por el susto”-pensé. No me había dado cuenta de sacarme la máscara para hablar con ella. “No me habrá reconocido”. Por las dudas le tome el pulso. Mi papá es enfermero, así que aprendí a tomarlo. Es uno de los controles que mi papá le hace para ver cómo anda a mi abuela rutinariamente. “Tuve suerte de que no haya está estado levantada. Quien sabe donde se hubiese depositado po su caída”. Mientras esperaba que se recompusiera, ya que me enseñaron que los desmayos solo duran minutos, me saque la máscara. Cuando me la estaba sacando de mi rostro, para probarla en la cara de mi abuela, vi que del lado de adentro, había una inscripción en el idioma del pueblo indígena pampeano, cuyo nombre hasta el momento desconocía. Se la puse y no hubo reacción, una evidencia de que la máscara no funciona, o mejor dicho, no tiene las funciones que creían los indígenas pampeanos.

Fui al pasaje y busqué el libro. Lo encontré. Las formas de escritura de ese pueblo estaban explicadas ahí. Casi diez minutos me llevó traducir lo que decía el otro lado de la máscara, que hice al lado de su cama, mientras mi abuela abrió los ojos. Lo que leí al final me hizo dar cuenta que, si existe Indu, no estaba tan equivocado. Con lo que alcancé a leer en el libro y lo que decía la máscara, pude concluir en algo que diré un poco más adelante.

En el objeto que supuestamente representa al rostro del Dios de la vida en la cultura Silte, decía: “”

Lo que se suele confundir más con la muerte, es un desmayo, y una cultura que no tiene tanto conocimiento científico sobre el cuerpo humano, es lógico que confundan esos estados de la persona. Indu da un remedio casero para el desmayo. Al funcionar, algunas personas indígenas pensarían que volvió a la vida. Pero la realidad es que la máscara por sí sola no funciona (excepto para quien entienda el idioma en que está escrita), pero lo cierto es que así como está escrita en ese objeto, la receta puede tranquilamente estar escrita en un papel, en una pared, etcétera.

-Decime Nachito. ¿Eras vos el que me despertó recién?-me preguntó preocupada y medio asustada todavía.

-Sí abu-dije agarrando la máscara de la silla que hay al lado de su cama-Encontré la máscara de Indu, el Dios de la vida.

-¿Y decime? ¿Funciona?-me consultó muy intrigada.

-Sinceramente, mejor no probarla. Pero recién te la puse, y no te recuperó. Tendría que haber funcionado en el momento. No justifiques que te despertaste por el efecto de ella, sino porque un desmayo dura poco tiempo.

-Ahora la podríamos devolver a su lugar. ¿Para que la queremos?

-No sé. Está bien que no sirve para nada. Pero creo que es de oro macizo y está muy buena-reconocí creo que respondiendo su pregunta.

La verdad es que no todavía no había pensado que hacer con ella, y le iba a preguntar a mi abuela si tenía alguna idea. Total, estaba en su casa. Hice un mapa mental de su casa y del camino al objeto sagrado de Indu, que estaba en camino circular, por lo que estoy seguro, y después voy a tratar de confirmarlo, que la máscara siempre estuvo en la pared atrás de la escalera de la puerta del túnel de la habitación.

Nos organizamos y fuimos hasta la casa de Coni, a contarle todas las novedades, por supuesto, con el libro, el medallón, la llave maestra (como me gusta llamarla) colgando del cuello de mi abuela, y, por supuesto, la valiosísima máscara de Indu.

Mientras me dirigía hasta el hogar de mi tía, que está a dos metros de la de mi abuela, le dí un vistazo al libro así al azar, y me quede quieto leyéndole a mi abuela una hoja escrita por mi tatarabuelo:

“Hola. Quería contar que con los Siltes arreglamos que este guardada acá la máscara. Lo que ellos piensan, es que nosotros hicimos los túneles y el pasaje secreto, junto con el botón del espejo y los tres interruptores, para proteger la máscara. La razón real, como ya saben, es que para que  mi hija encontrara esta casa atractiva y no se vaya nunca. Así, ellos piensan que esta casa es ‘El Templo del Dios Indu.’ y por eso nosotros guardamos la máscara acá, además de que hay un secreto que no saben. El albañil maestro y los demás que construyeron esta casa en 1950, eran Silteses, así que por miedo a develar el secreto de donde estaba escondida la máscara, se mataron al día siguiente de terminarla. Los demás indígenas que sobrevivieron hasta el presente, desconocen la ubicación exacta de la máscara de su máxima deidad. En agradecimiento, los albañiles queridos, nos regalaron este libro, que quisimos guardar, en el mismo lugar en donde está el rostro del Dios de la vida Silte”.

Cuando llegamos concordamos entre los tres que no podíamos seguir ocultando la verdad, así que organizamos una reunión para informar a todos mis familiares, de estos ex-misterios...



[1] Un hombre, que curiosamente, se llama igual a la cultura a la cual pertenece.

 

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